
1-Energía
Nuclear: Más problemas que soluciones
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Tras
no haber logrado establecerse como una fuente
de energía limpia, económica, segura
y confiable, la industria energética nuclear
se encuentra en un estado de deterioro prácticamente
terminal. Los permanentes problemas ocasionados
por la gestión de desechos nucleares en
materia económica y de seguridad, así
como la amenaza de la proliferación de
armas nucleares, han socavado gravemente la credibilidad
de esta industria.
En
un intento por recuperar el apoyo de los gobiernos
y la opinión pública, la industria
alega que, como las centrales eléctricas
nucleares no emiten dióxido de carbono,
el principal gas de invernadero, |
la
energía atómica puede desempeñar
un papel significativo como respuesta al cambio climático.
Sin embargo, hasta el análisis más superficial
demuestra que la energía nuclear no tiene nada
que ofrecer. De hecho, cualquier inversión en
el sector energético nuclear postergaría
en menor o mayor medida las verdaderas soluciones para
combatir la amenaza del cambio climático.
La
industria nuclear presenta problemas desde diferentes
puntos de vista:
a
. El económico
b . El riesgo de accidentes
c . Los desechos nucleares
d . La proliferación de armas nucleares, las
cuestiones de seguridad y transporte
e . La fuerte oposición pública
La
conclusión inevitable es que la energía
nuclear no representa una solución al cambio
climático sino una amenaza mundial en sí
misma.
a.
Económico
A
pesar del mito que en un primer momento sostenía
que los átomos producirían electricidad
“demasiado barata para ser medida”, la energía
nuclear es actualmente la tecnología convencional
de generación energética más costosa.
En el pasado, debido principalmente a su supuesto papel
estratégico, la industria energética nuclear
sobrevivió gracias a los masivos subsidios estatales,
directos e indirectos. Hoy en día, sin embargo,
la desregulación del mercado energético
del mundo desarrollado deja al descubierto el verdadero
costo de la energía nuclear. En el mundo en vías
de desarrollo, ya endeudado sobremanera debido, en parte,
a inversiones en infraestructura energética realizadas
en el pasado, la energía nuclear resulta muy
costosa. En pocas palabras, los números no cierran.
Por
otro lado, las inversiones en proyectos de generación
de energía nuclear representan un costo de oportunidad
al impedir que esos capitales se destinen al sector
de tecnologías de eficiencia energética
y energía renovable, que minimizan con mayor
eficiencia las emisiones de dióxido de carbono.
b.
El riesgo de accidentes
En
los cuarenta años de operar reactores, la industria
nuclear se ha visto plagada de accidentes, incluidos
el incendio de Windscale, en 1957, la fusión
parcial del reactor de Three Mile Island, en 1979, la
explosión de Chernobil, en 1986 y el escándalo
de Mayak. La construcción de nuevas plantas nucleares
sólo aumenta la probabilidad de que esos accidentes
se repitan.
c.
Desechos nucleares
En
cada etapa del ciclo del combustible nuclear, desde
la extracción del uranio hasta el reprocesamiento
del combustible quemado, se producen desechos nucleares.
Muchos de esos desechos serán letales por miles
de años y dejarán un legado radioactivo
a las generaciones futuras. A pesar de los volúmenes
que se generan y del peligro que estos representan,
la industria nuclear aún no cuenta con un método
ambiental y socialmente aceptable para gestionar sus
desechos.
Los
intentos fallidos que buscaban una solución al
problema, realizados por algunas de las principales
naciones que utilizan energía nuclear, revelan
que la situación dista de estar resuelta.
d. Proliferación de armas nucleares, cuestiones
de seguridad y transporte
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La
relación entre el uso civil de la tecnología
nuclear y sus aplicaciones militares tal vez constituya
el aspecto más alarmante de la era nuclear.
Los primeros reactores nucleares se construyeron
en las décadas de 1940 y 1950 con el fin
de producir plutonio para abastecer los programas
de armas nucleares de los Estados Unidos, la Unión
Soviética y el Reino Unido. Sólo más
tarde se los adaptó para generar electricidad.
Sin embargo, aún hoy en día, los reactores
utilizados exclusivamente para generar electricidad
también producen plutonio que puede emplearse
en la construcción de armas nucleares. |
e.
Fuerte oposición pública
La
oposición firme y profundamente arraigada de
la opinión pública en la mayoría
de los países donde se utiliza la energía
nuclear constituye otra barrera significativa para el
uso de este tipo de generación energética
como respuesta al cambio climático. La industria
nuclear misma considera que la oposición dela
opinión pública representa una de las
principales barreras que frenan la construcción
de nuevas plantas. En la Unión Europea (UE),
uno de los mercados tradicionalmente más importantes
para la energía nuclear, 14 de los 15 Estados
Miembro no tienen reactores, se proponen eliminar progresivamente
la energía nuclear o no tienen ninguna intención
de construir nuevos reactores en el futuro previsible.
La industria nuclear fue derrotada en consultas populares
llevadas a cabo en Suecia, Italia y Austria. En Alemania,
un bastión del sector nuclear, el nuevo Gobierno
Verde Socialdemócrata, acordó comenzar
a negociar los plazos para la eliminación progresiva
de las centrales de energía atómica del
país.
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La
falta total de popularidad de la energía
nuclear no se ve limitada a la UE. Un funcionario
turco afirmó recientemente que las demoras
en el proceso de licitación de un proyecto
para la construcción de una central de energía
atómica en Turquía se debieron a la
creciente oposición de la opinión
pública. En la década de 1980, los
planes de construcción de una central en
las Filipinas provocaron la importante movilización
pública |
que
desempeñó un papel fundamental en la derrota
del proyecto. Asimismo, la oposición de la opinión
pública no se ve limitada al país donde
se encuentran las plantas nucleares. Grecia ha lanzado
una campaña contra los proyectos nucleares de
Turquía, Dinamarca aboga desde hace tiempo por
el cierre de los reactores suecos y Austria se opone
firmemente a la construcción de la planta de
energía atómica de Mochovce, en Eslovaquia.
Es
evidente, entonces, que la energía nuclear como
respuesta al cambio climático no representa una
solución viable ni cuenta con la aprobación
de la opinión pública. El crecimiento
masivo de la energía nuclear propuesto como solución
al problema climático se opone al deseo expreso
de millones de personas de todo el mundo que han realizado
campañas para lograr el cierre de centrales atómicas,
votado en contra de la industria nuclear en consultas
populares y elegido gobiernos comprometidos a eliminar
progresivamente la energía nuclear.
2. Combustibles fósiles
Los
combustibles fósiles son los grandes responsables
de las emisiones de CO2, el principal gas que acentúa
el denominado "efecto invernadero". Por mucho
tiempo se creyó que el uso de petróleo,
gas y carbón tendría un límite
que estaría dado por las reservas disponibles.
Hoy, en cambio, podemos comprobar que la crisis climática
antecede al agotamiento de las reservas y que la crisis
climática pone un límite claro y urgente
al uso de los combustibles fósiles.
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Ya
en 1995 el PICC (Panel Intergubernamental sobre
Cambio Climático) de las Naciones Unidas
señaló que "el balance de las
evidencias sugieren una influencia humana discernible
sobre el cambio climático". En la actualidad,
el PICC ha mostrado que la temperatura global se
ha venido incrementado desde 1861. Durante el siglo
XX ese incremento fue de alrededor de 0,6 C. |
Hoy se reconoce que la década del '90 fue la
década más caliente y el año 1998
es el año que presenta el récord de temperaturas
globales registradas. Acompañando este proceso,
se ha producido una elevación en el nivel del
mar durante el siglo XX que oscila entre los 10 y 20
cm.
Inversiones mal dirigidas
A
pesar de la realidad que surge de los límites
del clima y de los llamados de atención provenientes
de la ciencia climática, la industria del petróleo
está embarcada en una expansión global
de sus fronteras de explotación: en los helados
mares del Ártico, las profundas aguas del Atlántico
Norte, el África occidental, en América
Latina y la aguas tropicales del norte de Australia.
Greenpeace
está reclamando a las compañías
petroleras no continuar con la
expansión de la base de recursos de combustibles
fósiles. Tales recursos nunca podrán ser
utilizados si pretendemos seriamente proteger el clima.
Estas
inversiones van en la dirección exactamente opuesta
al esfuerzo realizado por los gobiernos de 160 naciones
que acordaron medidas para reducir la emisión
de gases de efecto invernadero por medio del Protocolo
de Kioto en 1997.
3.
Grandes Represas
Parte
de la energía que se genera en la Argentina proviene
de centrales hidroeléctricas. La hidroelectricidad,
proporcionada fundamentalmente por grandes represas
no puede considerarse como una fuente exenta de impactos
ambientales y sociales.
Existen
preocupaciones ambientales y sociales por diferentes
proyectos como Corpus (2.280 MW), Garabí (750
MW), Paraná Medio (3.000 MW) y la serie de represas
del Aprovechamiento Integral del Río Bermejo
(280 MW). Las represas del Bermejo implicarán
la inundación de áreas protegidas en la
Provincia de Salta, en tanto Paraná Medio es
un proyecto resistido por las provincias del litoral
(actualmente prohibida por ley en Entre Ríos)
y la represa de Corpus ya ha sido rechazada en un plebiscito
por la población de la Provincia de Misiones.
Todos estos proyectos son altamente conflictivos y de
difícil realización.
Los
criterios adoptados para la construcción de escenarios
sustentables deben considerar el impacto global de la
matriz energética, impactos como el cambio climático,
el agotamiento y sustitución de recursos energéticos
no renovables. Es necesario considerar también
los impactos locales y regionales: contaminación,
pérdida de biodiversidad, etc. En conjunto, esto
significaría restringir el uso de combustibles
fósiles, energía nuclear y energía
hidráulica generada en megarepresas.
Megarepresa de Yaciretá
*Fuente: Ministerio de Economía
de la Nación (www.mecon.gov.ar)
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