Liberen a los 30 y frenen la carrera del petróleo

octubre 1, 2013 | Categoría: Ártico, cambio climático

Mientras los 30 tripulantes del Arctic Sunrise eran detenidos en el Ártico ruso por protestar contra la extracción de petróleo en la región, Naciones Unidas difundía su último informe sobre cambio climático. El Coordinador de la Campaña de Clima y Energía de Greenpeace, Mauro Fernández, explica en esta nota cómo es que ambos eventos están íntimamente relacionados.

El último viernes, los 30 tripulantes Arctic Sunrise, un rompehielos insignia de Greenpeace, se despertaron en una fría celda en Rusia por haber puesto el cuerpo para salvar el Ártico y frenar el calentamiento del planeta. Al mismo momento, los expertos de Naciones Unidas sobre cambio climático (el IPCC) hicieron público su último informe sobre el clima global. Los dos eventos guardan estrecha relación y pueden sintetizarse bajo una misma señal de urgencia y alarma global.

El reporte del IPCC contiene cientos de páginas de evidencia que justifican las acciones de los valientes activistas conocidos mundialmente como los 30 del Ártico. Ellos actuaron en defensa del frágil Ártico y de un mundo cada vez más caliente.

El estudio fue más lejos que los anteriores, ilustrando la crisis que estamos atravesando con más certeza que nunca antes: el cambio climático es un problema gravísimo, la industria fósil es la responsable y la ventana de oportunidad para evitar consecuencias catastróficas se achica cada vez más.

Para cualquier activista ambiental, este anuncio tiene un sabor agridulce. Ciertamente agrega aun más racionalidad científica a las acciones de los 30 del Ártico y suma urgencia al debate climático. Al mismo tiempo, y más allá de la evidencia incontrastable, los gobiernos alrededor del mundo no están actuando a la altura de las circunstancias y juzgan a nuestros activistas en lugar de mirar el verdadero crimen: la destrucción del Ártico por parte de la inescrupulosa industria petrolera.

La Guardia Costera rusa abordó ilegalmente el Arctic Sunrise, un día después de que parte de la tripulación participara en una actividad pacífica contra el peligro de la perforación petrolera en el Ártico. Tomaron detenidos a todos los tripulantes y remolcaron el barco hacia la ciudad portuaria de Murmansk, al noroeste del país asiático. Los 30 del Ártico fueron interrogados y la justicia rusa dispuso una orden de prisión preventiva por dos meses, a pesar de que, desde su detención días atrás, nunca hubo cargos presentados en su contra. Desde Greenpeace, junto a millones alrededor del mundo, exigimos su liberación inmediata y vemos el informe del IPCC como un llamado a la ciudadanía global a levantarse contra la abusiva industria petrolera.

El gigante petrolero ruso Gazprom está intentando silenciar a nuestros activistas y a cualquiera que denuncie sus peligrosos planes en el Ártico. Al igual que su socia Shell, Gazprom está incómoda ante la creciente atención internacional que cobró su carrera por extraer las últimas gotas de petróleo en el Ártico. Sin embargo, la verdad es que el mundo necesita más –y no menos—atención enfocada en la codicia global por el petróleo de esta virgen región polar.

El informe del IPCC cuantifica cuánto CO2 debemos emitir mundialmente si queremos mantenernos dentro de los 2 °C de aumento de la temperatura, el límite recomendado por la ciencia y acordado por los políticos como el máximo tolerable. Para evitar consecuencias catastróficas, desde ahora hasta el fin del siglo, no podemos emitir más de 1000 gigatoneladas de CO2. Esto requiere que las emisiones lleguen a su pico antes de 2020 y declinen rápidamente luego, llegando a cero en 2070. A los niveles actuales, habremos emitido esa cantidad en sólo 20 o 30 años. Y considerando el crecimiento global actual, el tiempo se hace aún más corto. La situación es desafiante, pero no imposible de revertir.

Compañías como Shell y Gazprom están literalmente apostando con el cambio climático. Sus planes de negocio en la zona dependen de que el mundo permanezca en su adicción a los combustibles fósiles y que los gobiernos continúen protegiendo a la industria petrolera en lugar de a la gente. Pero las alternativas existen y ya están disponibles

Ciertos combustibles fósiles deben permanecer bajo tierra si queremos evitar un cambio climático catastrófico. Este es un hecho simple e indiscutible. Aún así, a la vista de esta verdad incómoda e innegable, la codicia de empresas como Shell y sus socias exploran por más petróleo y gas, incluso en áreas extremadamente sensibles como el Océano Ártico, con un riesgo aún mayor de derrames y accidentes que serían irreparables. Es como jugar a la ruleta rusa con el sensible ambiente del Ártico.

Los 30 del Ártico lo saben. Por eso nuestros valientes activistas merecen nuestro respeto y nuestra gratitud. Pero, por sobre todas las cosas, merecen su libertad. Sumá tu firma ahora para pedir por su urgente liberación.

Publicado por Cecilia Alemano

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