Nuestra campaña por los glaciares y contra el cambio climático en AM

El Director de Campañas de Greenpeace Argentina, Juan Carlos Villalonga, estuvo esta mañana en el programa de TV AM hablando sobre nuestra campaña “Quedan menos de 100 días para salvar los glaciares”. Villalonga explicó cómo los glaciares están retrocediendo de forma acelerada a causa del cambio climático, y destacó la importancia clave de la Cumbre sobre Cambio Climático en Copenhague en diciembre de este año para que los líderes del mundo alcancen un acuerdo que salve los glaciares y detenga el cambio climático.

Los glaciares están en peligro, firmá y defendelos. Hacé click aquí.

Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

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Signos Vitales

Este es un completo e interesante artículo que escribió Juan Carlos Villalonga, Director de Campañas de Greenpeace, en su blog personal. En un tono más distendido pero no menos agudo, “Cali” advierte la urgencia de actuar hoy frente al Cambio Climático y señala la decisiva importancia de la próxima reunión en Copenhague, en diciembre de este año.

Frecuentemente reviso algunos cajones y la biblioteca para retirar libros, revistas e informes que contienen información acerca de distintos tópicos que hacen al estado del mundo: desde la expansión del HIV, los gastos en armamentos, emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, crecimiento del mercado de paneles solares o el acceso al agua potable. En fin, lo que uno podría llamar los signos vitales del planeta y la sociedad. Por dónde marchan las cosas y cuáles son las tendencias a corto y mediano plazo.

Suelo retirar esas publicaciones una vez que ya tienen 10 años de antigüedad. Por razones de espacio y porque la información ya es entonces obsoleta.

Mucha de esa información hoy la bajo de internet y se trata simplemente de eliminar archivos si ningún tipo de miramientos. Cuando se trata de libros y papeles es inevitable pegarles una mirada antes de que vayan a la caja de papeles sin uso.

Hace unos días comencé a dar de baja una serie de libros. Lo primero que me hicieron recordar es que muchos de ellos provienen de la época del “uno a uno”, época en que era posible comprar libros importados o fuera del país fácilmente (sin ser esto una apología de los ‘90). En esa rápida mirada pude recordar las cosas que pensaba y percibía en el momento que los leí. Las cosas no estaban bien hace un poco más de diez años, ni tampoco iban por el buen camino. Pero había un margen por donde suponer que era posible torcer la realidad. Ya era un margen estrecho.

Esa información provista, mayoritariamente, por entidades como el Worldwatch Institute y otros similares, no era información para quedarse tranquilo ni mucho menos. Siempre recuerdo la frase que alguna vez alguien dijo, e hice mía, “qué es ser ecologista?, un optimista bien informado”. A pesar que nada indica que vayan a salir bien las cosas, a pesar de las malas noticias que hay a montones para el que mira lo que pasa más allá del marketing y la publicidad, “tenemos el deber de la esperanza”.

Sucede que cuando veía algunos gráficos y curvas y las comparo con la situación actual, es como ver los análisis de un enfermo terminal a medida que se acercan sus días. Disculpen que pueda parecer catastrófico. Nunca lo he sido ni lo soy ahora. Sólo lean.

Quiero señalar sólo un caso, un signo vital, que será el parámetro que nos acompañará obsesivamente por bastante tiempo, muy probablemente, toda la vida de los que puedan leer esta nota. La evolución del Cambio Climático.

Hace diez años era posible imaginar que, en 1997, luego de haberse firmado el Protocolo de Kioto, habíamos dado un muy pequeño paso, pero un paso en la dirección correcta al fin. Más de diez años después ese paso no se ha concretado y todavía titubeamos en dar el próximo.

Si uno compara las chances que teníamos a finales de los ´90 para conducir el desarrollo global hacia un sendero de emisiones de gases de efecto invernadero que pudiera poner al cambio climático en un límite razonable, ahora nuestras chances son infinitesimales y más que un sendero, es un hilo cada vez más delgado, y que nos estrangula.

Hemos perdido el tiempo y agravado el problema. Ahora estamos atravesando momentos decisivos. Lo lamento, ni Kirchner ni Carrió ni Macri lo van a decir con todas las letras. Los Argentinos no somos grandes culpables de lo que pasa, pero eso no nos exime de ser conscientes de lo que ocurre y actuar en consecuencia en el plano que corresponda. Cuando lo hacen, mayoritariamente, son gestos inconducentes e irrelevantes, como el recientemente hecho en la “hora del planeta”, lo siento decirlo, porque en él participó gente que aprecio, pero lejos de acercarnos al núcleo grave de la situación, adormece con gestos que llevan tranquilidad donde no la debe haber.

Aclaro que no escribo sobre estos temas en este blog porque mis opiniones se manifiestan en sobreabundancia en otros sitios. Pero aquí vale esta preocupación personal e íntima.

Algunos datos: con las emisiones de gases de efecto invernadero desde la revolución industrial para acá, la temperatura promedio global de la Tierra se ha elevado ya en 0,7 grados. Muy poco, pero suficiente para percibir los múltiples cambios que ya existen. Por razones de la inercia en reaccionar del sistema climático, con los gases ya presentes en la atmósfera emitidos en las últimas décadas, la temperatura promedio se elevará a 1,5 grados, eso es inevitable, así dejemos de emitir desde ahora, es decir dejemos de consumir petróleo, gas, carbón, dejemos de deforestar, etc. Todo eso desde este minuto.

Aquí empiezan los problemas. Una elevación de la temperatura global entre 1,5 y 2 grados es muy complicada y grave. Sucederán cosas graves desde el punto de vista de los ecosistemas y las economías que ellos sostienen. Tan solo pegar una ojeada aquí.

Desde hace años se ha asumido que pasar los 2 grados es un límite moral del cual no podemos admitir atravesar. Con esa temperatura, la cantidad de víctimas será de proporciones y el planeta mínimo que le dejamos a nuestros hijos es una miseria del tamaño del egoísmo de nuestros tiempos.

Entonces en un intento desesperado para no sobrepasar ese límite (2 grados) debemos pensar qué es todavía posible de hacer en los próximos años. Lo que sigue es un gráfico que muestra en curva roja la evolución de las emisiones por consumo de combustibles fósiles tal como van las cosas hoy día, la tendencia. Esa curva llevará la temperatura global más allá de los 3 grados y quizás 6 antes de final de este siglo. Un mundo en el que vivirán, insisto, los chicos de hoy,y por supuesto, sus hijos. No es tanto tiempo.

La curva negra muestra la evolución de las emisiones de 1850 hasta el día de hoy y el sendero de emisiones posibles que deberíamos seguir si quisiéramos que nos mantengamos debajo de los 2 grados y luego comenzar, en el largo plazo, a bajar la temperatura a 1 grado, y quedarnos allí, en uno o dos siglos.

Para entender lo que significa la curva negra. En primer lugar deberíamos antes del año 2015 haber estabilizado las emisiones globales, es decir que lleguen a su máximo y no crezca más. NO sólo eso, comiencen a decrecer. Es como intentar detener un tren a toda velocidad en 100 metros. Si no lo hacemos con cuidado y como corresponde, no lo vamos a detener, o será a costo de un golpazo de todos los que estamos ahí arriba.

Luego debemos empezar una curva descendente, que se ha ido haciendo cada vez más abrupta en la medida que el tiempo sin acción se nos fue de las manos, hasta llegar al año 2050 con una reducción de esas emisiones cercanas a cero… si cero dije. No más nafta, no más gas, no más joda.

Luego, sólo actividades que absorban con cierto grado de seguridad gases de invernadero de la atmósfera, para comenzar a enfriar el partido.

Se puede?…

Miro el “Vital Signes” de 1997 y dice:

“Irónicamente, cuanto más tiempo se espera para comenzar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, más difícil y costosa será la transición a una economía de baja dependencia de energía fósil. Sin embargo el mundo está comprometido en los años venideros, a construir un vasto número de plantas de energía fósil, automóviles y edificios, muchos de los cuales estará consumiendo energía de manera inadecuada por muchas décadas. Pero si las políticas cambian hoy, podemos instalar una nueva generación de fuentes de energía limpias y económicas. Es esencial que el mundo industrializado demuestre liderazgo en Kioto, y abrir el camino para que los países en desarrollo puedan crecer, ya que el mayor incremento de la demanda energética estará allí”

Luego, Estados Unidos se retiró del Protocolo de Kioto. Ese acuerdo no fue un instrumento legalmente vinculante hasta el año 2005. China es hoy un mayor emisor que Estados Unidos. Y tenemos casi nada de tiempo.

Dentro de unos meses se realizará la reunión de Copenhague y allí se decidirá que hacer en los próximos, por lo menos, 10 años. Quizás los decisivos. Por eso hay tanta atención. Arriba a la izquierda de este blog pueden ver un reloj que cuenta los minutos y días que falta para esa reunión. Mucho más importante que todas las reuniones de los G20, G7 y operativos clamor en el PJ. La historia recordará del 2009, Copenhague. No la historia de los libros, la recordarán los adultos del 2050, 2080 y 2100.

También por eso, en la columna izquierda del blog hay un link a una página que cuenta los meses que nos quedan antes del 2015, nuestros años para producir el cambio, como para seguir en carrera. De otro modo, bueno, la carrera seguirá, aunque nadie se atreva a decir que esa carrera valga la pena, sólo se tratará de buscar un mal menor (un que será bastante grande por cierto)

Cali


Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

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En la crisis, una oportunidad “verde”

Nota de Juan Carlos Villalonga, Director Político Greenpeace y Presidente del Consejo Consultivo energiaslimpias.org

El mundo vive tiempos decisivos. Este año es crucial para las negociaciones internacionales sobre el cambio climático. Un desafío en el que los tiempos se nos han acortado dramáticamente debido a la falta de acción desde que la Convención sobre Cambio Climático fue puesta en marcha en 1992. Todas las expectativas convergen en la próxima reunión en Copenhague a finales de este año. Allí deberá surgir una segunda fase del Protocolo de Kioto, más sólida, más restrictiva en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero y con la participación activa de los Estados Unidos. Si eso no sucede el panorama será muy desalentador y preocupante.

Al mismo tiempo, desde hace meses el mundo ha entrado en un período de turbulencia y fragilidad económica que ha hecho girar toda la atención internacional, y en el interior de cada país, hacia mecanismos de salvataje de economías que están perdiendo empleos de manera dramática. Los pronósticos auguran una situación económica grave para los próximos años.

Este inesperado escenario de crisis económica ha puesto en dudas la voluntad que pueda existir para que en Copenhague la comunidad internacional, y especialmente, las principales economía mundiales, acepten ajustar su cinturón para reducir sus emisiones que provocan el calentamiento global, las que tienen una relación directa a la intensidad de la actividad económica. Si prevalece una actitud conservadora y que priorice la reactivación económica por las vías tradicionales, estaremos verdaderamente en problemas.

La comunidad científica internacional ha señalado que las emisiones globales debieran alcanzar su pico máximo antes del año 2015 y luego comenzar a descender fuerte y sostenidamente para tener chances de evitar una catástrofe climática global. Como puede verse, es muy poco el tiempo del que disponemos para comenzar a reducir las emisiones e iniciar una curva descendente de las mismas. No hay margen. De allí que la crisis económica no puede generar más demoras en las políticas de mitigación de emisiones.

Una catástrofe como la que preanuncia informes como el del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC) es de una magnitud cuyas consecuencias económicas harán parecer a la actual crisis financiera mundial como un detalle menor.

Sin embargo, las políticas contracrisis y las políticas climáticas pueden marchar en la misma dirección si hay una visión renovada en las políticas de desarrollo.

Quienes venimos impulsando el desarrollo e introducción masiva de las energías renovables y eficiencia energética hemos señalado con insistencia el gran impacto que esas tecnologías tiene en la generación de empleos y su velocidad de puesta e marcha. No son detalles menores y ahora comienzan a ser descubiertos por algunos economistas clásicos. Las estadísticas y las proyecciones son muy favorables para impulsar la energías renovables, cuyo caso más destacado es la energía eólica, cuyo desarrollo es muy dinámico y su impacto económico y en el empleo puede percibirse allí donde esa industria es promovida.

Una serie de estudios económicos muestra que las inversiones que los estados realizarán masivamente en los próximos meses y años para generar obras públicas y sostener el empleo y la actividad económica, bien pueden concentrarse en la transformación de la matriz energética global. Si eso ocurriera, podríamos tener inversiones y una inyección de actividad económica para sostenerlos empleos y una renovación tecnológica imprescindible para mitigar el cambio climático.

El actual programa de rescate económico en discusión ahora en Estados Unidos posee una gran componente “verde”. La discusión no es menor y los intereses en juego tampoco.

Según uno de los estudios realizados sobre esto, y que ha sido un insumo en los debates pre-electorales en Estados Unidos, ha sido realizado por el Political Economy Research Institute (PERI) de la University of Massachusetts-Amherst. Este informe, publicado en septiembre de 2008, como respuesta a la emergente crisis económica, muestra cómo un programa de inversiones de 100 mil millones de dólares puede impactar en el empleo en ese país. Se toman tres opciones para dirigir tal volumen de dinero: en inversiones “verdes”, en el sector petrolero y en el consumo. El programa de recuperación económica “verde”, basado en energías renovables y en eficiencia energética, es capaz de garantizar unos 2 millones de empleos. La misma cantidad de dinero puesto en motorizar el consumo de bienes y servicios, genera alrededor de 1,7 millones de puestos de trabajo. El sector petrolero sólo aportaría unos 542.000 empleos si se destinara la inversión de los 100 mil millones de dólares.

No hay indicadores que puedan hacer sospechar que los resultados serían muy diferentes en otras economías del mundo. Los ejemplos de aquellos países que han apostado a algunas de estas industrias “verdes” lo pueden mostrar. Sólo que ahora sería deseable y necesario pasar a una escala superior de inversiones y promociones.

Como siempre decimos, no se trata simplemente de colocar nuevos subsidios, a veces se obtienen resultados con tan sólo quitar subsidios que actualmente recibe la industria de los combustibles fósiles y generan una competencia desigual con otras fuentes energéticas o redirigirlos.

Estamos quizás ante la disyuntiva de este siglo respecto del clima. Nada indica que no sepamos qué hacer y que eso que tenemos que hacer sea imposible o desventajoso. América Latina hoy también discute grandes programas de inversiones o subsidios de bienes de consumo. ¿Habrá capacidad para pensar en preparar nuestras economías para un futuro más estable y ambientalmente más sustentable?

Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

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