El Esperanza contra la pesca ilegal. El control de los Dispositivos Agregadores de Peces (DAP).

Como les prometí en un post anterior, hoy me dispongo a contarles qué son los dispositivos agregadores de peces (DAP). Creo que importante compartirlo con ustedes, porque uno de los objetivos de nuestra expedición es comprobar si se cumple con la prohibición de utilizar los DAP, vigente durante los meses de agosto y septiembre de este año en las áreas que patrullamos.

Entonces, ¿Qué es un DAP y por qué debemos detener su utilización? No se sabe muy bien el por qué pero los peces tienden a acumularse bajo cualquier objeto flotante en el mar, lo que puede ocurrir por una sensación de seguridad, por la que cualquier objeto –un tronco, un tanque, una balsa- crea debajo de sí un verdadero ecosistema marino en cualquier lugar del océano.

El tanque de metal y la balsa de bambú son son dos tipos de DAP que encontramos en el mar. Debajo de ellos se acumulan los peces y los pesqueros los cercan con sus redes

La industria pesquera sabe de esta reacción natural de los peces y utiliza DAP artificiales para atraer y acumular a miles de ellos y pescarlos fácilmente en áreas de mar abierto. El problema es que al utilizar estos dispositivos las redes atrapan todo, lo que quieren atrapar y muchas otras especies –tiburones, tortugas, delfines, etc.- que al no ser valiosas para la industria son simplemente tiradas al mar, generalmente ya sin vida.

Las redes de los pesqueros arrastran todo lo que encuentran a su paso

Algunos de estos DAP están anclados al fondo marino y otros están flotando libremente equipados con un transmisor de radio que envía señales de su localización al barco que lo colocó, de esta manera lo encuentran fácilmente y después de un tiempo de espera vienen, cercan todo con sus redes y se llevan hasta el último ser que vive allí.

El problema se incrementa ya que los barcos modernos tienen gigantescas redes que pueden acabar con toda una población de peces –grandes y pequeños, machos y hembras- en una sola operación. Actualmente existen barcos tan grandes que uno sólo de ellos puede almacenar en sus bodegas más peces que toda la pesca anual de los pescadores artesanales de uno de los países isleños del Pacífico Sur.

Poco a poco estos barcos extranjeros están acabando con la vida en este océano quitando una fuente vital de recursos para estos países isleños, y lo están haciendo de una manera completamente insostenible. Si seguimos así, se terminará el atún en el Pacífico.

¿Cuál es nuestra misión? Como ya nos habíamos imaginado, la prohibición de utilizar los DAP no se respeta y se han seguido utilizando, por lo que decidimos tomar acción.

Cuando encontramos un DAP lo primero que hacemos es bajar al agua nuestro bote de buceo y nos metemos al mar con las cámaras submarinas para documentar lo que hay.

No se puede describir con palabras lo maravilloso que es estar allí. En un lugar aparentemente vacío, alejado cientos de kilómetros de cualquier tierra firme y con el fondo a 4.500 metros de profundidad, te encuentras rodeado de miles y miles de peces que nadan en círculos a gran velocidad. Uno siente lo increíble que es la naturaleza al ver decenas de tiburones nadando tranquilamente mientras pequeños peces les limpian la piel de parásitos en una danza que ha sucedido por millones de años. Y duele mucho el pensar que toda esta vida, toda esta riqueza va a ser eliminada en menos de una hora cuando un pesquero llegue a rodear el DAP con su red.

Por eso, después de documentar la vida marina, procedemos a retirar estos DAP del agua utilizando las grúas del Esperanza. Estos momentos nos llenan de emoción pues sabemos que esos peces que acabamos de ver están a salvo al menos por esta ocasión y que el trabajo que hacemos desde las oficinas de Greenpeace –gracias al apoyo que ustedes nos dan- para que se prohíban estos dispositivos en el Pacífico posiblemente les dé una oportunidad de seguir nadando libremente como lo han hecho siempre, en su casa.

La grúa del Esperanza retira un DAP del océano.

El Esperanza y la balsa de bambú.

¿Qué podés hacer vos? Quiero terminar este post desde aguas lejanas, recordándoles que no hay que estar a bordo para poder hacer algo más para salvar nuestros océanos. Si no contaminamos, si no utilizamos plásticos innecesariamente, si consumimos alimentos marinos pescados de manera sustentable y exigimos a las empresas responsabilidad al producir y desechar sus productos, todos estaremos contribuyendo positivamente a la conservación de los mares. Adelante.

Publicado por Felipe Vallejo

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Mario, el Segundo Ingeniero y el segundo argentino del barco

Fue una agradable sorpresa para mí llegar a Australia, subirme al barco y escuchar a gente hablando en mi propio idioma. Soy un tipo que se acostumbra fácil a las cosas pero la verdad es que estaba nervioso de pasar tanto tiempo sólo con “gringos” (como llamamos cariñosamente en Ecuador a todos los que son rubios y hablan otros idiomas).

Luego la sorpresa fue mejor cuando supe que no sólo habían otros latinos –tres argentinos, un panameño y un mexicano- sino que en el barco había un total de 20 nacionalidades. Es decir que no estaba solo en esto, que todos tendríamos que adaptarnos mutuamente y aprender a convivir.

Otro de los latinos es Mario Alejandro Redigo, argentino nacido en Capital Federal hace 38 años y que ocupa el cargo de Segundo Ingeniero.

Mario estudió en la Escuela Nacional de Náutica y navega desde 1994 en distintos barcos por todo el mundo. Está en Greenpeace desde el año 2002, ha navegado además en el Rainbow Warrior y en el Esperanza y está a cargo de que funcione bien todo lo que tiene que ver con mecánica, es decir las bombas, máquinas, y todo lo que hace que el barco se mueva y podamos llegar a nuestros destinos.

Sus responsabilidades son muchas e incluyen el estar de guardia cada tres días durante 24 horas, es decir que ese día -además de su trabajo normal- tiene que estar disponible a cualquier hora para solucionar los problemas que se susciten. Junto a su cama tiene una consola electrónica en la que prende una alarma si hay algo en cualquier lugar del barco, y a él no le queda más que levantarse e ir a solucionarlo.

Es decir que el suyo es un trabajo sacrificado, como todos en el mar.

Su otra pasión –cuando está en tierra- son las motos. Tiene un taller donde las repara y habla de la suya constantemente, casi como si se tratara de una novia. Mario se da tiempo también de ser el profesor de ajedrez a bordo, y entre clase y clase juega unas partidas a muerte con Paul, un alemán que es el electricista del Esperanza. Mario dice que él siempre gana, pero no estamos seguros de que sea así.

Habiendo trabajado en otros barcos, su opinión es con conocimiento de causa, “me gusta trabajar en Greenpeace, es el paraíso” dice, pues aquí no sólo está navegando por el mundo sino contribuyendo a que la naturaleza sea respetada y tenga una voz que denuncie lo que pasa en los lugares más lejanos, más escondidos, para que gente como ustedes puedan hacer algo en su favor.

Porque el trabajo de Greenpeace no sirve de nada si no “despierta” a la gente en todo el mundo, si no logra que cada uno de ustedes haga su parte desde donde se encuentre: llamar o mandar mensajes a los gobernantes, exigir responsabilidad a las empresas, firmar peticiones.

Por eso no queremos dejar de agradecerles, porque una parte muy importante de nuestra tarea la hacen todos ustedes.

Publicado por Felipe Vallejo

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Patricio Sacco, el “cocinero activista” del Esperanza

Desde hace cuatro días estamos nuevamente navegando por el Pacífico. Tuvimos un deseado y creo que merecido descanso en Vanuatu, un pequeño país compuesto por 84 islas situado a 1.800 km al este de Australia; al oeste de Fiji y al sur de las Islas Salomón. Conocimos su capital, Port Vila mientras cambiábamos algunos miembros de la tripulación y llenábamos las bodegas con alimentos y suministros en general.

Desde que partimos de Cairns, Australia hace más de 30 días no habíamos tocado tierra y sinceramente ya lo necesitábamos. Estos pocos días en la isla, aunque llenos de actividades y trabajo, nos llenaron de energías  para continuar en nuestro objetivo de esta campaña: lograr que las aguas internacionales ubicadas entre los países isleños del Pacífico Sur sean reconocidas como reservas marinas; y la prohibición de artes de pesca como los Dispositivos Agregadores de Peces (DAP) que convierten a esta industria en completamente insostenible y constituyen una desventaja injusta para las especies marinas. (Otro día les contaré más de los DAP.)

Hoy quiero empezar con los argentinos de a bordo. Como les dije antes, tenemos tres entre la tripulación del Esperanza y son muy queridos dentro de Greenpeace. Todos ustedes deberían estar orgullosos de ellos.

Alimentar a 34 personas cada día puede parecer un reto difícil, más aún cuando todo se está moviendo violentamente, pero para Patricio Sacco esto es lo normal. Pato es el cocinero a bordo y desde hace 3 años que navega en los barcos de Greenpeace. En ellos pudo lograr algo que antes –cuando trabajaba en hoteles y restaurantes de su provincia- nunca se imaginó: conocer todos los continentes de la Tierra. “Sri Lanka es lo más salvaje que he conocido”, comenta emocionado.

Nacido en San Miguel de Tucumán hace 25 años él se define como “cocinero/activista”, pues aquí no hay un solo trabajo, todos hacemos de todo. Pato lo demuestra al haber participado en diferentes acciones, contra la pesca ilegal, bloqueos de plantas de carbón y otras, en el Esperanza, el Artic Sunrise y el Rainbow Warrior. En esta expedición se da tiempo –entre comidas- de ser uno de los pilotos del gomón del equipo de buceo.

“Greenpeace es una pasión, no es sólo un trabajo” dice, y agrega que “proteger el medio ambiente es una responsabilidad de todos”. Él está dispuesto a trabajar por esto y tiene la suerte de poder hacerlo desde su lugar en el navío.

Cuando está en el mar –generalmente por tres meses cada vez- extraña mucho Argentina y siempre está pendiente de lo que sucede allá. Estas semanas se lo notó triste por la derrota de la Selección contra Brasil, pero muy feliz al enterarse del triunfo de su equipo Atlético Tucumán –en el que alguna vez jugó – contra Boca.

En próximas entregas seguiremos conociendo otros miembros de la tripulación y espero que estas narraciones les permitan percibir cómo es la vida en uno de los barcos de Greenpeace.

Les mando un abrazo desde el Océano Pacífico.

Publicado por Felipe Vallejo

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A bordo del Esperanza por nuestros océanos

Felipe Vallejo es miembro de la tripulación que está navegando hace casi dos meses a bordo de nuestro barco Esperanza para apoyar la campaña contra la pesca ilegal. Felipe compartirá con nosotros relatos y experiencias del viaje en uno de los míticos barcos de Greenpeace. Conózcanlo:

Nací en Ecuador, y desde chico uno de mis sueños fue trabajar en Greenpeace. Es por eso que hace cuatro años cuando fui a estudiar en Argentina, lo primero que hice fue ir a la oficina local y empecé, al igual que muchos otros en esta organización, como voluntario. Allí pude conocer como funciona una de las más grandes y efectivas organizaciones ambientales del mundo, y me gustó mucho.

Desde entonces he tenido la oportunidad de participar en diferentes campañas en algunos países de Latinoamérica y ahora por primera vez la suerte de estar embarcado en uno de los famosos barcos de Greenpeace defendiendo el océano, al otro lado del mundo.

La razón que nos hizo emprender este viaje no es feliz: la incontrolable codicia humana ha llevado al atún al borde del colapso, y si no actuamos ya, pronto será muy tarde. Hemos sobreexplotado tanto al atún en todos los mares que si seguimos a este ritmo se extinguirá en pocos años.

Durante tres meses estaremos recorriendo las aguas internacionales que rodean a las naciones isleñas del Pacífico Sur, evitando que las flotas extranjeras sigan llevándose el atún sin ningún control. Queremos que las naciones pobres puedan aprovechar sus recursos de una manera sustentable y que las generaciones futuras conozcan al mar como todavía es, con vida.

Mi trabajo en el Esperanza es como Coordinador del Equipo de Buceo, y como lo dice el título estoy encargado de las operaciones de buceo a bordo, es decir que ¡tengo uno de los mejores trabajos de todo el barco!

Desde hace casi dos meses que convivo con gente de 19 países –incluidos 3 argentinos- de quienes aprendo algo todos los días. He podido conocer los problemas y amenazas que sufre la naturaleza en todos sus lugares de origen pero también saber que hay gente haciendo algo para cuidarla en cada uno de ellos.

Para mí eso es lo mejor de Greenpeace, que la gente que trabaja aquí lo hace por principios, porque quiere hacer algo bueno por el mundo, y creo que así es como las cosas salen mejores.

Espero que me acompañen en lo que queda del viaje, y que conozcan junto a mí, la intimidad de esta lucha por construir un futuro mejor para todos nosotros y para los que nos sucedan.

Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

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