¡El Esperanza en acción!

Felipe Vallejo nació en Ecuador y desde chico soñó con trabajar en Greenpeace. Hoy es miembro de la tripulación que navega el Océano Pacífico en una campaña para proteger el atún, una especie que, por la pesca irresponsable, está al borde de la extinción. Felipe comparte con nosotros sus experiencias a bordo del Esperanza, uno de los míticos barcos de Greenpeace. Ésta es la segunda entrega ¡No te lo pierdas!

¡Hola, acá yo transmitiendo desde el Esperanza nuevamente! Les cuento que como éste es un barco grande, donde convivimos más de 30 personas, todos hacemos de todo. Aunque tengas una posición definida, cuando se te necesita para otra cosa tienes que estar disponible. Esto va desde el capitán hasta los voluntarios y va desde cosas como la limpieza diaria o ayudar en la cocina hasta pilotear los botes o hacer guardias a medianoche.

Por la mañana temprano, después de desayunar, nos repartimos las tareas de limpieza a bordo del barco. Y en esto participan hasta los periodistas que a veces nos acompañan (ahora tenemos dos, de Nueva Zelanda) que pronto se contagian del espíritu solidario que se siente aquí. Después cada uno va a su respectiva función, algunos a la oficina, otros a los talleres, otros a la sala de máquinas o al cuarto de control, otros a llenar los tanques de buceo, otros a pintar carteles o al puente a montar guardia de observación (buscar barcos pesqueros con los binoculares), etc.

Adrián, panameño de 33 años, es el primer oficial de navegación.

Api, de 25 años, voluntario de Fiji, asistente de cocina.

Rigoberto, panameño y segundo ingeniero a bordo.

Pero cuando encontramos un blanco y decidimos hacer una protesta, las rutinas
quedan de lado y todos nos ponemos en acción. Así sucedió el otro día.
Mientras navegábamos el Pacífico Sur, encontramos un pesquero taiwanés usando un palangre, un arte de pesca en el que se tiende una línea principal (¡en este caso tenía 160 km. de largo!) de la que cuelgan miles de anzuelos con carnada. Después de algunas horas se saca para ver qué ha caído. Con este método hay muchísima pesca incidental y además de la especie dirigida – el atún – mueren tiburones, tortugas, aves marinas y más.

Por eso, cuando vimos al pesquero decidimos bajar los botes para protestar y solicitarles que salieran de este área. Como los camarógrafos estaban en el helicóptero a mí me tocó tripular uno de los botes y filmar y tomar fotografías. Transcurrieron 8 horas en el agua hasta que el capitán nos invitó a revisar sus registros y bodegas de pesca, en los que comprobamos que casi todo estaba en orden. Afortunadamente tampoco encontramos aletas de tiburón, una desagradable escena que casi siempre vemos en estos barcos. Amy -nuestra voluntaria taiwanesa – le informó al capitán sobre nuestra campaña para que estas zonas se conviertan en reserva marina.

Para que se den una idea, sólo en esta zona del Pacífico hay casi 6.000 de estos barcos que pronto están llevando a la extinción a muchas especies marinas. Esto tiene que parar o en pocos años no habrá nada más para pescar. Aquí les dejo el corto video que hice durante la acción y al final la imagen que salió en muchos medios de prensa de Taiwan. Espero que viéndolo sientan un poco más de cerca lo que sentimos los que tenemos la suerte de estar acá en el Esperanza.

¡Hasta la próxima!

Un abrazo,

Felipe.

Si querés enterarte cómo siguen los días de Felipe a bordo del Esperanza, hacé click aquí para que te enviemos las actualizaciones a tu casilla.

Publicado por Felipe Vallejo

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El Esperanza en los ojos de un activista

Felipe Vallejo nació en Ecuador y desde chico soñó con trabajar en Greenpeace. Hoy es miembro de la tripulación que va a navegar el Océano Pacífico en una campaña para proteger el atún, una especie que, por la pesca irresponsable, está al borde de la extinción. En adelante, Felipe compartirá con nosotros experiencias del viaje en el Esperanza, uno de los míticos barcos de Greenpeace. No te lo pierdas:

Cada vez que suena el teléfono y escucho "Felipe, te hablamos desde Greenpeace en algún país" se me pinta una sonrisa en la cara pues sé que se trata de otra oportunidad de navegar en uno de nuestros barcos.

Hace pocas semanas la llamada fue de Greenpeace Australia-Pacífico, la oficina que se encarga de una zona muy remota y exótica para nosotros los latinoamericanos y que comprende el trabajo en Australia, Papua Nueva Guinea, Islas Solomon, Fiji y la mayoría de "Estados Islas" del Pacífico Sur. Se trata de una nueva expedición para defender el Pacífico, la quinta desde que se inició esta campaña de protección del atún. Ya en el 2009 me había embarcado por tres meses y fue una experiencia increíble que pueden leer aquí.

Como de costumbre los preparativos son estresantes y apurados: después de revisar los equipos de buceo y de fotografía, armar las valijas, juntar toda la documentación para las varias embajadas, dejar las cosas en orden en la casa y tratar de pasar el mayor tiempo posible con mis seres queridos, el día del viaje me encuentra empacando hasta la madrugada y con la certeza de que me olvido varias cosas.

Los viajes suelen traer emociones encontradas, especialmente viajes largos como éste en el que uno no verá a su gente y a su tierra por varios meses. Pero al despegar y ver desde el aire a mi ciudad – Quito –me olvido de la nostalgia. Entonces me doy cuenta de lo afortunado que soy, primero por vivir en un lugar tan hermoso, y después por tener las oportunidades que tengo de viajar, de conocer mundos distintos al mío y, a la vez, hacer algo en lo que creo.

Llegar me lleva casi dos días de vuelo. Cuando aterrizo finalmente en Papeete y no llega mi maleta con todo el equipo de buceo decido no molestarme sino sonreír a todo el mundo y salir a conocer un nuevo país: ya solucionaré el problema mañana. Tomo un taxi, pido que me lleven al puerto y no puedo ocultar el orgullo cuando el chofer me comenta emocionado, sin saber a dónde me dirijo "¿Viste que está aquí el barco de Greenpeace?". Otra vez agradezco por esta oportunidad y me comprometo a poner todo de mi parte para que la expedición sea exitosa.

Ya en el Esperanza aprovecho el haber llegado a las 5 de la madrugada y tener el barco sólo para mí. Todos duermen, así que puedo recorrer cada rincón sin encontrar a nadie. Veo las nuevas fotos que han colgado en las paredes, reconozco algunos de los botes que he usado y veo alguno nuevo que ojalá pueda pilotear. Bajo al "Dive Locker" – mi oficina – para ver que todo esté en orden y finalmente subo al helipuerto para disfrutar del paisaje; después de todo no es muy frecuente el poder ver el amanecer desde el Esperanza y menos aún cuando estás en Tahití.

Aquí tendré la suerte de liderar el Equipo de Buceo un trabajo que es envidiado por muchos a bordo ya que tengo la oportunidad de vivir experiencias que pocos han vivido antes, las que trataré de relatarles en este blog.

La tripulación como siempre es muy diversa: ¡Tenemos 34 personas de 22 nacionalidades distintas! Algunos son ya viejos conocidos de otros viajes y los demás pronto lo serán porque la vida del barco hace que gente a la que uno recién conoce en muy poco tiempo parezcan amigos de toda la vida. El contingente latino está compuesto por dos argentinos, dos panameños y un ecuatoriano (yo). Es muy bueno tener gente de tu misma región y que habla tu mismo idioma pues te ayuda a no extrañar tanto a tu tierra.

¡Quédense por acá! Les seguiré contando sobre nuestras aventuras, nuestras protestas pacíficas y el día a día a bordo de esta embarcación, un viaje único que pocos podemos experimentar. ¡Hasta la próxima!

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Publicado por Felipe Vallejo

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Activistas de Greenpeace ponen sus cuerpos para continuar el bloqueo a barco de perforación petrolera

Desde hace más de 24 horas, cuatro activistas de Greenpeace sumergidos en kayaks en mar abierto a unos 100 kilómetros al norte de las islas Shetland están impidiendo el avance del buque Stena Carron (propiedad de la empresa petrolera Chevron), embarcación que está destinada a iniciar un peligroso programa de perforación para extracción petrolera en aguas profundas en el Atlántico Norte.

Ayer al mediodía, cuatro activistas bajaron en lanchas inflables del barco de Greenpeace “Esperanza“, y se zambulleron en el mar para presionar al Stena Carron a regresar de nuevo al puerto. Desde entonces y a lo largo de la noche, los nadadores se turnaron para colocarse entre el buque y su destino.

Uno de los nadadores describió la experiencia como algo parecido a estar junto a un rascacielos y dijo: “al amanecer esta mañana estaba en el mar impidiendo que este enorme barco se moviera. Es una locura que nos toque a nosotros hacer esto, cuando este barco petrolero debe ser detenido por una prohibición gubernamental de perforación en aguas profundas. Vamos a continuar el bloqueo del Carron durante tanto tiempo como podamos. Todos los nadadores estamos de muy buen humor y decididos a seguir adelante porque tenemos que ir más allá del petróleo para frenar el cambio climático“.

El sábado pasado, la ocupación de 100 horas en la cadena del ancla del Stena Carron finalizó cuando una orden judicial obligó a Greenpeace a retirar la cápsula de supervivencia en la que permanecían dos activistas; si no hubieran bajado la cápsula, podrían haber sido obligados a pagar cientos de miles de libras a Chevron.

Desde el desastre ocasionado por British Petroleum en el Golfo de México Greenpeace ha estado pidiendo la prohibición de nuevas perforaciones en aguas profundas. La organización considera que significan un peligro  para el medio ambiente, el clima, e incluso para los trabajadores involucrados, por ello,  deben ser detenidas.


Publicado por Laura Colombo

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Greenpeace bloquea un barco de perforación petrolera cerca de islas inglesas

Los activistas de Greenpeace a bordo del barco Esperanza continúan su labor desafiando a las industrias del petróleo a detener sus actividades en entornos remotos y frágiles del planeta.

Después de obstruir por dos días las perforaciones en una plataforma de la empresa Cairn Energy en el ártico durante el mes de agosto, los activistas están ahora bloqueando un buque, el Stena Carron, propiedad de la petrolera Chevron, cuyo destino es dirigirse al yacimiento petrolífero Lagavulin para perforar un nuevo pozo de exploración en el mar a una profundidad de 500 metros, frente a la oeste de las Islas Shetland (Reino Unido).

Tres días atrás, dos escaladores de Greenpeace (Victor y Anais) comenzaron la acción para evitar que el barco zarpe subiendo a su ancla y colgándose a cinco metros de las olas en una carpa suspendida con sogas, con lo que impidieron que el buque se mueva.

La segunda fase involucró la colocación de una especie de cápsula de supervivencia (equipada con alimentos y sistemas de comunicaciones) en la cadena del ancla del Stena Carron.  Después de realizar las tareas correspondientes a su instalación Victor y Anais regresaron al Esperanza para dar el pase a otros dos activistas, quienes planean habitar la cápsula -de dos metros de diámetro y un peso de media tonelada- durante un mes. De hecho, el equipo ya informó al capitán del Stena Carron que, por razones de seguridad, no podrá mover el ancla de la nave y que, como medida extra, un barco de la organización está colocado debajo de la cápsula.

La acción tiene una importancia  fundamental:  se estima que el área al oeste de las Shetland alberga entre 2.000 y 4.000 millones de barriles de petróleo y gas. Un vertido en la frontera del Atlántico podría ser incluso más difícil de detener de lo que fue para BP en el Golfo de México, pero hasta ahora el gobierno británico se niega a enfrentar la realidad y sigue emitiendo los permisos de perforación a este tipo de buques. “Es por eso que estamos en esta cápsula, colgados en la cadena del ancla de un buque de perforación a pocos metros sobre el mar. Mantendremos el bloqueo hasta que el gobierno establezca una moratoria sobre nuevas perforaciones en alta mar“, dijo uno de los activistas.

Hoy Chevron, solicitó una orden judicial para poner fin a la acción, alegando razones de seguridad de la embracación. Si los activistas
se niegan a retirarse, Greenpeace se enfrentaría a fuertes sanciones, incluyendo potencialmente la pena de prisión para algunos de sus miembros.

Leila Deen, una de los activistas que ocupó brevemente la cápsula, dijo: “Chevron está utilizando una batería de armas legales para poner fin a una protesta pacífica. Nuestra estadía en la cápsula involucra a escaladores expertos y es totalmente segura. Sin embargo, Chevron desean utilizar este barco en mares peligrosos, donde una desviación de a pocos metros de su posición implicaría el riesgo de generar un enorme desastre”.



Publicado por Laura Colombo

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Waldemar, el activista correntino que lleva el timón del Esperanza

Foto: Waldermar conversa con el gerente de operaciones de la plataforma petrolífera Stena Don  © Greenpeace / Will Rose.


Desde hace un mes el barco de Greenpeace “Esperanza” está realizando una expedición en el Ártico para denunciar las perforaciones petroliferas en el mar y su rumbo está dirigido por un correntino, el capitán Waldemar Wichmann.

Waldemar, junto a Freddy Toia (Jefe de Máquinas) e Ignacio Soaje (3er Oficial de Cubierta), es uno de los tres argentinos que integran la tripulación del más grande de los barcos de la organización y hace varios años que ya está cumpliendo uno de sus sueños: proteger el medio ambiente junto a Greenpeace.

Después de ser testigo de la contaminación y otras formas de daño ambiental en los mares y en el río Paraná, cerca de su ciudad natal de Corrientes, Waldemar sintió que debía actuar a favor del planeta. De esta manera, se unió a Greenpeace en julio del 2000 y fue desde voluntario en el barco “Rainbow Warrior” a capitán en las otras embarcaciones (desde el 2004), participando en diferentes campañas de la organización.


Hoy se enfrenta a un nuevo desafío: exigir a las empresas, a través de la acción directa, que busquen alternativas al petróleo, para abandonar la adicción del mundo a las energías sucias.

Con este lema en mente, el primer objetivo del tour del Esperanza fue detener las labores de perforación de la plataforma Stena Don (propiedad de la empresa petrolera británica Cairn Energy) en la Bahía de Baffin, a unos 190 kilómetros de la costa de Groenlandia.

Para ello, cuatro activistas lograron eludir un fuerte dispositivo de seguridad y, finalmente, accedieron a la plataforma, donde permanecieron durante dos días bajo condiciones meteorológicas extremas, logrando que Cairn Energy se viera obligada a detener sus operaciones de perforación en ese período de tiempo.

Durante su permanencia en la zona, el barco de Greenpeace estuvo siempre vigilado de cerca por un buque de guerra danés y una flotilla de barcos de la policía con equipos de operaciones especiales a bordo. En este video mostramos imágenes de la acción junto con el mensaje emitido por Waldemar dirigido al buque danés F359 y a todos los buques ubicados en las proximidades de trabajo de la petrolera.

A bordo del Esperanza Waldemar conduce la acción, protegiendo a sus compañeros y llevando el mensaje de Greenpeace en esta travesía que aún continúa defendiendo el planeta en cada escala. Es un orgullo contar con él entre nuestros activistas argentinos.


Publicado por Laura Colombo

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Greenpeace detiene la perforación de un pozo petrolífero en el Ártico

Esta mañana, cuatro activistas de Greenpeace que viajaban a bordo del barco Esperanza lograron eludir un fuerte dispositivo de seguridad y acceder a una plataforma petrolífera de la compañía británica Cairn Energy en Groenlandia. Los cuatro voluntarios se descolgaron de la plataforma y ahora permanecen suspendidos a 15 metros sobre el mar, lo que obligó a paralizar las labores de perforación.

Los escaladores cuentan con carpas y alimentos suficientes para permanecer suspendidos durante varios días. Si logran detener las labores de perforación tan sólo durante un corto período de tiempo, la empresa petrolera tendría serias dificultades para completar la prospección antes de que comiencen las duras condiciones invernales que obligarían a parar las operaciones hasta el próximo año, lo que daría tiempo suficiente para intentar alcanzar una prohibición mundial de estas operaciones en aguas profundas.

Según ha manifestado uno de los activistas participantes en la acción, el estadounidense Sim McKenna, “es necesario mantener a las empresas energéticas fuera del Ártico y acabar con la adicción al petróleo, por eso vamos a frenar la actividad de esta plataforma de perforación durante el tiempo que podamos. El desastre de BP en el golfo de México ha demostrado que hay que buscar alternativas al petróleo. Esta plataforma es la que puede desatar la fiebre del petróleo en el Ártico, lo que supone una gran amenaza para el clima y pone este frágil entorno en riesgo “.

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Publicado por Laura Colombo

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Los barcos de Greenpeace inician expediciones para denunciar las explotaciones petroleras en el mar

Greenpeace está enviando a dos de sus embarcaciones (el Esperanza y el Arctic Sunrise) a las fronteras del problema mundial del petróleo. La misión del Esperanza, que zarpó hoy desde Londres, es clara: enfrentar y protestar contra la exploración petrolera que sigue, día a día, destruyendo nuestro medio ambiente. El destino final de su viaje aún permanece en secreto para no eliminar el elemento sorpresivo del reclamo. Por su parte, el Arctic Sunrise acaba de arribar al Golfo de México para examinar científicamente los drásticos impactos a largo plazo del desastre provocado por la petrolera British Petroleum.

Accidentes como el de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, que causó el derrame de petróleo más grande en la historia de EE.UU., pueden volver a repetirse. A menos que dejemos atrás los combustibles fósiles y sucios y comencemos a utilizar tecnologías accesibles, eficientes y renovables, disponibles hoy en día. Es por eso que el barco Esperanza tiene como objetivo llevar el mensaje “ir más allá del petróleo” directamente a la fuente del problema.

Es posible que el gigante petrolero BP haya conseguido cerrar sus fugas, pero la crisis en el Golfo de México está lejos de terminar. De hecho, muchos de los impactos del derrame, sobre la vida silvestre en peligro de extinción y sobre los ecosistemas de la región, sólo se aclararán con el tiempo. El barco Arctic Sunrise será la sede de un equipo de científicos independientes, que examinarán la zona a fondo -desde el plancton en la superficie hasta las plumas de crudo en la columna de agua o los corales de aguas profundas- para determinar el alcance de los impactos del vertido.

Los barcos de Greenpeace partieron para hacerle frente a la búsqueda desesperada de la industria petrolera por las últimas gotas de petróleo en el planeta. Compañías como BP está tomando riesgos enormes para perforar en lugares cada vez más peligrosos, en lugar de invertir en energía limpia para detener el cambio climático.

Desde el desastre en el Golfo de México hasta la destrucción de bosques canadienses para desenterrar  arenas de alquitrán, nada parece detener la carrera para desarrollar y ampliar las fuentes de energía más peligrosas y dañinas. Es por eso que Greenpeace emprende un viaje para ir más allá del petróleo, exponiendo y confrontando la ambición de la industria petrolera.

Publicado por Laura Colombo

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Un activista en Haití

El coordinador de acciones de Greenpeace Argentina Sergio Domingo, escribió unas palabras contando su experiencia a bordo de una de las embarcaciones de nuestra organización, el Esperanza, donde viajó hacia Haití para colaborar con la Fundación Médicos sin Fronteras en la ayuda a los damnificados de una de las peores catástrofes naturales en la historia de América Latina.

Recién vuelvo de mi travesía por Haití. Quise escribirles antes pero no podía, por cuestiones técnicas y de cómo se quería manejar la comunicación en una situación tan delicada, hablar del tema hasta mi vuelta.

Nunca pensé llegar a Haití, cuando salí de Buenos Aires partí con la idea de quedarme 3 semanas en Curaçao, en las Antillas Holandesas para hacer dos entrenamientos a bordo de uno de los barcos de Greenpeace, el MY Esperanza, y perfeccionar mi trabajo como coordinador de acciones en la oficina de Greenpeace Argentina. Pero todo resultó distinto: cuando llegué al barco lo primero que me dijeron fue que el entrenamiento se suspendía y que me tenía que volver al día siguiente porque se unía como soporte a Médicos sin Fronteras para prestar ayuda en la catástrofe de Haití.

En ese momento sentí que tenía que estar, ayudar en lo que fuera necesario. Inmediatamente pedí estar en ese viaje, sabía que las posibilidades eran pocas porque no había más lugares, pero insistí y tuve la suerte de que un tripulante abandonaba el barco. Ahí ingresé en su lugar como marinero y el trabajo comenzó.

Cargamos materiales, frazadas, mantas, alimentos, combustible y distintos elementos necesarios para la campaña que se emprendía y arrancamos la travesía. Nos alertaron de la situación sanitaria y de violencia que se estaba viviendo, de que las tropas de la marina estadounidense estaban allí y que se había producido un nuevo sismo en la isla de 6,2 en la escala de Richter. Realmente cosas que cuando uno las lee en un diario o las ve por televisión las toma de otra forma. Allí se vivían de manera diferente, no era miedo lo que sentía sino el saber que me iba a encontrar con una realidad que nunca había visto y difícilmente me podía imaginar.

El viaje a Haití nos llevó 3 días y medio, y cuánto más cerca estábamos cada vez más la incertidumbre se transformaba en ansiedad por llegar a tierra y poder hacer algo. Cuando íbamos llegando, veíamos desde nuestra embarcación como, poco a poco, iban apareciendo más y más construcciones cerca de la costa, y comenzaban a verse algunas balsas pequeñas e improvisadas. Balsas rebalsadas de seres humanos queriendo escapar hacia aguas seguras y territorios menos complicados. Muchos helicópteros, aviones y gomones estaban ya en la zona.

Pintando banderas en el Esperanza.

Haitianos escapando a zonas más seguras.

También se comenzaba a ver de cerca lo que el terremoto había producido en el país centroamericano. En el camino a nuestro lugar, se podía apreciar la destrucción de la zona portuaria de la ciudad. Las balsas de la gente que pescaba se aproximaban a ellos, en busca de algo para abastecerse. Las grúas del puerto, inmensas estructuras de hierro, se veían flotando a dos aguas sobre la costa, como si las hubieran hundido con una mano desde el cielo. El escenario era terrible, por decir lo menos.

Las grietas que dejó el terremoto en el puerto.

Amarramos finalmente en Puerto Príncipe a 7 Km. del epicentro del terremoto y allí nos unimos a MSF para empezar el trabajo. Previamente habíamos estado confeccionando banderas con el logo de Médicos Sin Fronteras, para poder identificar en la zona de catástrofe de quién era el barco y para quién estaba trabajando. Durante la maniobra de amarre yo fui hacia la amarra de popa (la parte trasera del barco), a colaborar desde allí.

Una vez realizada esa tarea comenzó nuestra ardua labor: no reparábamos en el sacrificio, no pensábamos, sólo nos movíamos con agilidad porque todos sabíamos que había que bajar la carga y rápido. Había gente sufriendo que necesitaba cuanto antes los materiales. Comenzamos a descargar, pero enseguida contamos con la ayuda de muchas personas allí presentes. Eran haitianos, ciudadanos que estaban viviendo esta catástrofe en carne propia. Sabían que la ayuda era para ellos y estaban dispuestos a colaborar en este duro trabajo.

El barco comenzó a descargar lo que se podía con las grúas y el resto era un constante pase de mano a mano de los elementos. Esto se transformó en una larga cadena en donde por momentos tenía a un compañero de la tripulación a mi lado, por momentos a militares de otros países, y por momentos a gente local. En cuanto el tiempo nos permitía nos mirábamos, una sonrisa compasiva de ambos, un saludo de manos y una breve presentación con nuestros nombres. Eso fue todo, pero realmente me sentí muy útil, y ellos se encargaron de agradecernos personalmente. Aquí les comparto algunas fotos, las que están en blanco y negro las tomó Daniel Maykot, un miembro de la tripulación, las a color las saqué yo.

El trabajo no terminó allí, continuamos durante todo el día, prácticamente sin parar. En los pequeños momentos libres pude conversar un poco con la gente que nos ayudaba. Nos tratábamos de comunicar como podíamos, entre su francés y mi inglés, y me contaban como estaba todo allá, señalando la ciudad. “Un desastre, no hay agua, no hay comida, todo destruido”. Realmente sentí dolor, luego me pedían las zapatillas, colchones, me contaban cómo eran sus familias, lo mal que estaban. Yo trataba de imaginarme el padecimiento de esa gente.

Fue un día entero de trabajo, sacrificio y dolor y todos estábamos ansiosos por seguir ayudando, pero todo estaba supeditado a las necesidades que hubiera y debíamos esperar nuevas indicaciones a seguir.

Así fue que al día siguiente tuvimos una reunión en donde nos actualizaron la información. Nos comunicaron que nuestra ayuda hacia MSF se había completado y se mostraron sinceramente agradecidos por la colaboración que Greenpeace había brindado.

Dispuestos a ofrecer nuestra ayuda como barco de carga o lo que fuere hasta el el Esperanza fue ofrecido a distintas organizaciones que estaban trabajando en la zona, sin mucho éxito por desgracia. Lo positivo quizás de esta respuesta fue que realmente había mucha ayuda de distinto tipo disponible. El barco, con toda la estructura que tiene, pero también la que requiere, no era necesario.

Nuestro objetivo se había cumplido y nuestra tarea en Haití finalizaba. Quizás la gran expectativa creada en todos nosotros trajo alguna desazón, pero hicimos todos, desde cada uno de nuestros lugares, lo que pudimos para ayudar y nos pusimos al servicio del objetivo que no era otro que hacerle algo más fácil la vida a esta gente después de tamaña tragedia. La estadía fue corta pero todos nos destacaron la utilidad que tuvo.

Finalmente, volvimos a Curaçao para continuar con la agenda prevista anteriormente.

Con el pasar de los días, las emociones fueron decantando y pude darme cuenta realmente de lo que fue estar allí, de la posibilidad de decir presente aunque la estadía haya sido más corta y distinta a lo que esperaba. Pero es un primer paso, un comienzo a nivel personal y profesional y quería compartirlo con ustedes.

Sergio

Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

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Tierra firme, un adiós al Esperanza.

¡Hoy ya les escribo desde tierra!

Después de casi tres meses navegando por el océano Pacífico nuestra expedición llegó a su fin y la mayoría de nosotros ha regresado o está regresando a sus lugares habituales.

Hay sentimientos encontrados, porque tanto tiempo en el mar te llega a cansar mucho y es un verdadero “alivio” bajar del barco, pero también es muy triste porque en esos meses de convivir con tanta gente llegas a hacer buenos amigos y amigas a los que no sabes cuándo volverás a ver. Además, como dicen, la vida en el mar es más sabrosa.

Luego de navegar por miles de kilómetros tratando de evitar y documentar la manera irracional con lo que devastamos los mares, llegamos a las Islas Cook, un pequeño paraíso situado en el Pacífico Sur, entre la Polinesia Francesa y Fiji. Este hermoso país consta de 15 islas que juntas tienen un área de solamente 240 km. cuadrados, pero su Zona Económica Exclusiva tiene casi 2 millones de kilómetros cuadrados. Es decir que tienen una riqueza natural gigante que –como en la mayoría de casos en estos pequeños países isleños- no está beneficiando a sus pobladores sino a las grandes flotas industriales que vienen de países extranjeros.

Algunos datos que nos demuestran esto:

• El negocio global de la pesca mueve alrededor de 300.000 millones de dólares al año, pero estos países –en los que se pesca un alto porcentaje de ese negocio- reciben sólo 400 millones al año entre todos ellos.

• En esta región trabajan alrededor de 8.000 barcos pesqueros, de los cuales el 90% son de países ajenos a la zona.

La última etapa de este viaje tuvo como objetivo encontrar y reportar las actividades ilegales de pesca en el mar de las Islas Cook. Como ya no estábamos en aguas internacionales no podíamos “actuar” para detenerlas, pero en este caso el proveer de evidencias al gobierno sobre estos actos puede resultar más beneficioso que evitar que uno o algunos barcos pesquen.

En el mapa se presentan en color naranja las áreas en las que patrullamos durante casi tres meses en esta expedición y que estamos empujando para que se conviertan en reservas marinas, probablemente la última esperanza para el atún en este lado del Pacífico.

Un claro ejemplo de esto fue cuando después de varios días de encontrar barcos de distintas nacionalidades, y reportar sus posiciones y actividades, nos topamos con el Koyu Maru 3, un barco de bandera japonesa pescando ilegalmente en aguas de las Islas Cook (no tiene licencia de ese país). Las fotos –con la posición GPS- que tomamos desde el helicóptero permitieron al gobierno de este país iniciar un reclamo formal al gobierno de Japón. Nos contaron que ellos sospechaban hace tiempo de este barco y muchos otros de bandera japonesa, pero que es la primera vez que han logrado tener las evidencias necesarias que les permitirán exigir sanciones y recibir compensaciones económicas.

Es una confirmación más de lo importante que es el “dar testimonio”, uno de los principios originales de Greenpeace que ha logrado que todo el mundo se entere de tantas atrocidades contra nuestro planeta que habrían seguido escondidas si no hubiera habido alguien que las saque a la luz.

Ahora todos estamos contentos del trabajo realizado y queremos disfrutar de estar en tierra firme, pero estoy seguro de que voy a extrañar mucho al Esperanza y a toda la gente con quién compartí estos meses de mi vida. Espero volver pronto y seguir poniendo mi granito de arena para que el mundo continúe siendo un buen lugar para vivir.

Muchas gracias a todos los que leyeron mis mensajes y siguieron nuestra expedición. Sigan protegiendo al planeta, apoyando a Greenpeace y llevando una vida responsable. Disfruten todos los días del mundo hermoso que tenemos y hagan todo lo que puedan por cuidarlo.

Les mando un abrazo,

Publicado por Felipe Vallejo

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Freddy Toia, el tercer argentino del Esperanza

Nuestro barco El Esperanza tiene 72 metros de largo –el más grande de nuestra flota- y alcanza los 16 nudos de velocidad, ideal para expediciones de larga duración y con acciones rápidas. Tiene capacidad para acomodar a 38 personas entre tripulación y equipo de campañas.

Fue construido bajo pedido de la armada rusa para luchar contra el fuego, siendo la velocidad y la capacidad de navegar en el hielo algunas de las condiciones exigidas por ellos. Esto lo hace perfecto también para nuestro trabajo en las zonas polares.

Tomó muchos meses prepararlo para Greenpeace. Un sistema especial de combustible para evitar derrames, un nuevo y más eficiente sistema diesel/ eléctrico para la propulsión, tratamiento de aguas residuales a bordo (ahora sólo se arroja agua limpia al mar), un sistema de calefacción que aprovecha los desechos, pintura libre de tóxicos, aire acondicionado basado en amonio (en lugar de freón), son sólo algunos de los cambios que se realizaron antes de ponerlo a trabajar para nuestras campañas.

Adicionalmente se colocó el equipo normal de operaciones de Greenpeace, como un helipuerto y grúas para lanzar al agua los gomones, que nos permiten actuar rápido y con efectividad.

¿Quién estuvo a cargo de estas innovaciones y de las operaciones cotidianas de un navío de estas dimensiones? El argentino a bordo que me restaba presentarles: Freddy Toia.

Freddy nació en Mar del Plata, y después de estudiar en la Escuela Nacional de Náutica se dedicó a navegar desde el año 1994. Está con Greenpeace desde el 2002 y ha tenido la suerte de trabajar en los tres barcos: Rainbow Warrior, Arctic Sunrise y el Esperanza.

Sus responsabilidades son la operación, el mantenimiento y la reparación de todo lo mecánico y eléctrico en el barco, como la propulsión, generación de electricidad, equipos de prevención contra la contaminación de agua, desagües, cocina, aire acondicionado y calefacción, etc. Tiene bajo su mando un equipo de ingenieros que trabajan las 24 horas del día en la embarcación.

Su área es de suma importancia para la seguridad y bienestar de toda la tripulación, y él está al mismo nivel que el capitán del barco. Es un puesto difícil que toma muchos años en alcanzarse y los argentinos deben estar orgullosos de tener a un compatriota –que los representa muy bien- allí. Como lo está él al decir que “ayuda desde su lugar en el barco para que las campañas tengan un final feliz”.

Freddy ha participado en muchas de nuestras campañas, estuvo en Papúa Nueva Guinea por la campaña de Bosques, pasó todo un día en una barcaza bloqueando la descarga de tóxicos en Borneo, fue arrestado en Holanda por oponerse al desastre de Bhopal. La campaña contra la pesca ilegal en el Pacífico –en la que estamos ahora-, contra la pesca de arrastre en Alaska, contra el cambio climático en Groenlandia y dos veces en la Antártida contra la matanza de ballenas –en la que estuvo entre el arpón y la ballena varias veces- son algunas de las acciones que demuestran su compromiso con el planeta.

Aficionado a la música toda la vida, mientras navega escucha a sus bandas favoritas –Pescado Rabioso, Los Redondos, Divididos, Árbol, etc.- y toca la guitarra eléctrica en una banda casi-profesional que han montado en el Esperanza en el mismísimo cuarto de control.

Otra faceta en su carrera de marino es la de tatuador. Aprendió a tatuar en el 97 y desde allí han pasado por sus manos unas 20 o 30 personas de Greenpeace que no pierden la oportunidad de hacerse uno en el barco en el que navegan y que confían en su ya ganado prestigio de tener una mano firme y hábil.

Como los demás miembros de Greenpeace, Freddy está feliz de tener esta oportunidad de hacer algo positivo. “Puedo poner mi trabajo al servicio de algo que no es destructivo” dice, y aclara que así se hace más fácil el estar lejos de su familia a quienes extraña muchísimo en sus largos viajes por el mundo.

Freddy es otro ejemplo de cómo una persona “común” que hace bien su trabajo y piensa en el futuro puede convertirse en un defensor del planeta e influir positivamente en su suerte . Cada uno de nosotros podemos hacer lo mismo desde nuestros lugares.

Ya nos estamos acercando al final de este viaje de casi tres meses luchando por los océanos. Les mando un abrazo y les agradezco por seguir nuestra expedición.

Publicado por Felipe Vallejo

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