Con la parada de la central nuclear de Tomari, Japón quedó hoy libre de energía nuclear después de cuatro décadas –el país es parte del club atómico desde 1966. Ahora Japón enfrenta una oportunidad histórica al mismo tiempo que da una lección al mundo sobre lo prescindible de esta fuente energética. Sus líderes tienen la responsabilidad de abandonar definitivamente la nuclear y avanzar en una red eléctrica inteligente, eficiente, segura, renovable y barata, que haga frente al cambio climático. No hay lugar para la nuclear allí.
Catorce meses después de Fukushima, el desastre nuclear más importante desde Chernobyl, Japón logró salir de la crisis producida por el terremoto y el tsunami, alimentando su consumo energético interno con fuertes medidas de eficiencia y una administración inteligente de la red eléctrica.
La tercer economía del mundo es también el tercer país con más importancia entre los que ostentan reactores atómicos a escala global. El podio se compone por Estados Unidos, con 104, lo sigue Francia con 58 y pegado viene Japón con 54. Hoy el país llegó a cero, no por una decisión política antinuclear sino porque distintos factores de seguridad y mantenimiento obligaron a apagar cada uno de los reactores para evaluar sus riesgos.
No hay ningún motivo por el que Japón deba volver a encender ninguno de sus reactores, pero hay, como mínimo, 150.000 razones para que no lo haga: los evacuados de la crisis nuclear japonesa. Ellos conocen mejor que nadie que los riesgos de la nuclear son demasiado grandes. Los 437 reactores que hay desperdigados por el mundo, 437 bombas atómicas latentes, pueden –y deben– comenzar a ser apagados. Hoy Japón comenzó a demostrarlo.
El escenario de [r]evolución energética para Japón realizado por Greenpeace –descargá la versión en inglés–, muestra como Japón puede diversificar su matriz energética abandonando los combustibles fósiles sin caer en la trampa de la nuclear, y aún así alcanzar sus metas de reducción de emisiones de CO2 para 2020.
Esta es una señal que atemoriza a la industria atómica. Si Japón pasa el verano sin nuclear y logra cumplir sus compromisos de reducción de emisiones de CO2, la realidad habrá probado una vez más lo que hace tantos años venimos advirtiendo: la energía nuclear no es ninguna solución al cambio climático, es peligrosa, cara y contaminante; pero por sobre todas las cosas, es innecesaria.
El futuro está en manos del gobierno japonés. Sus líderes pueden aprovechar esta oportunidad histórica, o mirar atrás y darle la espalda a su gente. Profundizar el despegue de las energías renovables abandonando la nuclear tomaría solo una fracción del coraje que tuvieron para salir de la crisis del 11 de marzo de 2011. Los que aún sufren las consecuencias de Fukushima, no merecen menos.
Mauro Fernández
Campaña Clima/Energía
Greenpeace Argentina
Hace 26 años, en Ucrania –ex URSS– se desataba el peor desastre nuclear que tuvo que enfrentar la humanidad. Esta tragedia dejó una zona de exclusión de 30km, desplazó a cientos de miles de personas, y aún amenaza la vida de miles.
Una falla humana produjo que el reactor número 4 de Chernobyl se sobrecalentara, produciendo gas de hidrógeno que al entrar en combustión con el moderador de grafito produjo explosiones que dañaron las estructuras de contención abriendo un camino para las emanaciones radiactivas sobre todo el continente europeo. Se estimó que Chernobyl liberó 500 veces más material tóxico y radiactivo que la bomba atómica de Hiroshima en 1945.
Sin embargo, la energía nuclear continuó su desarrollo alrededor del mundo, ignorando las catastróficas consecuencias en la vida humana y el ambiente que Chernobyl evidenció. El 11 de marzo de 2011, el desastre de Fukushima, Japón, igualó a Chernobyl al ser considerado de nivel 7, el más grave en la escala INES –de sucesos nucleares– y una vez más hubo cientos de miles de evacuados, extensas zonas de exclusión y un enorme daño ambiental.
¿Qué aprendió la industria nuclear luego de Chernobyl? Nada.
Tanto en Ucrania como en Japón, los niños ya no juegan en los parques. Muchos de los que pueden hacerlo, llevan detectores de radiación que les indican cuándo volver a casa, para no exponerse a dosis peligrosas. En Japón muchas familias debieron separarse para no perder sus hogares, y a su vez proteger a las mujeres y los niños que son los más sensibles a los efectos de la radiación. ¿Es esta la salvación tecnológica que nos prometen desde hace 60 años? Parece que no.
Aún así, la tragedia se repitió, y aún ahora se insiste en perpetrar el desarrollo de esta energía como una solución al cambio climático, una enorme mentira por cuestiones económicas, físicas y temporales.
Para existir, la industria nuclear depende de tu dinero, de tus aportes impositivos con los cuales el Estado subsidia el 100% de su construcción y operación. Eso no sólo lo decimos nosotros. El Citi Group publicó un informe en el que demuestra cómo los números no cierran para la industria nuclear, y hasta la llama “asesina coprorativa”. Empresas líderes como Siemens –a cargo de la construcción de Atucha y Atucha II– abandonaron el mercado nuclear, RWEy E.ONabandonaron contratos millonarios para construir nuevos reactores en el Reino Unido.
Países como Alemania, Suiza, Bélgica e Italia ya le dieron la espalda al desarrollo nuclear. Japón, a la sombra del terremoto y el tsunami, se recuperó notablemente de la tragedia durante 2011 con sólo 3 reactores conectados –de los 54 que tiene en su territorio–. El 5 de mayo Japón desconectará su último reactor y podrá vivir un verano libre de energía nuclear. Una demostración más de lo prescindible que resulta esta tecnología cuando se contrasta con el fomento de las renovables y medidas de eficiencia energética.
Argentina, por el contrario, reflotó un plan de la última dictadura militar para expandir la participación nuclear y pretende extender la vida útil de la central de Embalse, la de Atucha, finalizar Atucha II y construir una cuarta central nuclear. Una verdadera estupidez atómica. Nuestros científicos son geniales, eso no está en duda; pero algunos están al servicio de una tecnología que ya demostró sus consecuencias y que es cada vez más innecesaria. El potencial eólico argentino puede superar en menos de 4 años el ínfimo aporte que hace la nuclear a nuestra matriz. Argentina tiene que aprender de Chernobyl y Fukushima. Tiene que cerrar sus puertas a nuevos reactores y, como mínimo, cerrar los existentes cuando llegan al fin de su vida útil.
Hoy recordamos el legado de horror y despojo que nos dejó Chernobyl. Evocamos ineludiblemente también a Fukushima y las familias devastadas de Japón. Pero hoy también tenemos el deber de hacer un compromiso por un futuro sostenible y más justo. Un futuro que se base en el desarrollo de las energías limpias y descentralizadas, y garantice un acceso a la energía equitativo para todos.
Mauro Fernández
Campaña Clima/Energía
Greenpeace Argentina
Japón ya se encuentra casi totalmente libre de energía atómica, tras el cierre del reactor número 6 de la planta nuclear de Kashiwasaki-Kariwa, el martes 26 de marzo. Ahora, ya no quedan reactores en funcionamiento dentro de la isla principal. Cuando se apague el reactor número 3 de Tomari, en la isla de Hokkaido, el total de los 54 reactores de Japón estará fuera de funcionamiento. El país estará libre de energía nuclear por primera vez desde 1966.
Éstas son muy buenas noticias. Y el impacto en las vidas de los habitantes de Japón ha sido cero. El ministro de Economía, comercio e industria Yukio Edano dijo que no habrá restricciones al consumo eléctrico y que tampoco se repetirán los apagones que sucedieron el verano pasado después del terremoto y el tsunami que causaron el desastre nuclear de Fukushima. Las empresas de energía también se muestran optimistas: “Esperamos poder ofrecer un flujo estable de energía eléctrico por el momento”, dijo el presidente de la Tokyo Power Electric Toshio Nishizawa.
Trágicamente, los ciudadanos japoneses tuvieron que enterarse sobre los riesgos de la energía nuclear de la peor manera. Pero ahora están descubriendo un futuro libre de energía nuclear sin sobresaltos.
Fukushima demostró que la energía nuclear no es segura. Cada día que pasa con los reactores apagados demuestra que la energía nuclear no es necesaria. Todo esto se hizo gestionando la demanda de electricidad, tomando medidas para aumentar la eficiencia energética, y almacenando reservas de electricidad. Teniendo en cuenta los desafíos que el país tuvo que enfrentar tras los terribles sucesos del 11 de marzo de 2011, éste es un logro realmente magnífico.
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De esta manera, Japón le mostró al resto del mundo que no necesita confiarle su futuro a una tecnología que amenaza a su economía, a su medioambiente y a su población. ¿Se sumarán más países al rechazo de la energía nuclear, como ya lo hicieron Alemania, Italia, Suiza, y Bélgica? Y si no, ¿por qué no? Los países que utilizan energía nuclear ya se quedaron sin excusas para seguir perdiendo tiempo, energía y recursos valiosos en sus reactores.
The Economist, que siempre apoyó la energía nuclear, ahora cuestiona abiertamente su economía, diciendo que es “un sueño fallido”. Sin el apoyo de los contribuyentes vía subsidios y exención de responsabilidad, la industria nuclear va a colapsar.
Lo que se necesita ahora es un cambio rápido hacia energías renovables y eficiencia energética. Puede empezar ahora mismo. Hoy en día, es exactamente lo que un mundo en crisis financiera y al borde de un desastroso cambio climático necesita. Una puja global hacia las energías renovables pueden ofrecer el impulso económico, la seguridad de las fuentes de energía y el freno de las emisiones de gases de efecto invernadero que son urgentemente necesarios para crear un mañana estable y seguro para todos.
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El desastre nuclear de Fukushima, ocurrido el 11 de marzo de 2011, dejó a una población desvastada. El ritmo de vida no volvió a ser el de antes. Muchos ciudadanos perdieron su fuente de trabajo; y otros su hogar. La impotencia y la tristeza se apoderaron de sus rostros. En Fukushima, como dice la profesora Monma Sadako, afectada por la catástrofe, "la situación de alarma se ha convertido en lo habitual". Aquí, dos historias desde la tierra que quedó entre sombras.
Sadako es directora de una guardería en Fukushima con capacidad para 23 niños. Y aunque mantiene la calma, ve con mucha tristeza todo lo que ocurrió en el último año, luego de la explosión de la central nuclear. “Las familias se están yendo de aquí. Otras quedan divididas entre los que se quieren ir y los que no. Los que no han podido marcharse pasan los fines de semana en un refugio no contaminado", cuenta.
Enseña su radiómetro como un amuleto, y lo mira aliviada: sólo marca 0,01 miliservets. "El Gobierno dijo que iba a pagar una indemnización a los afectados, pero el dinero no va a solucionar el problema", explica. "Más que dinero, el mayor alivio que puede dar el Gobierno a la población es el desmantelamiento de las centrales nucleares y la firme promesa de no volver a construir más".
Tatsuko y su marido Shin fueron evacuados luego del desastre. Ni la empresa dueña de la planta nuclear ni el gobierno japonés pudieron dar respuesta a la contaminación radiactiva que sufre su granja, que permanecerá por miles de años. "Las autoridades nos dijeron al igual que a todo el mundo que era necesario abrir centrales nucleares par evitar el calentamiento global", dice "pero nunca nos explicaron cuáles eran los riesgos". Preocupada sobre todo por la salud de sus hijos, Tatsuko se lamenta por no haber sido lo suficientemente fuertes para resistir la instalación de una planta nuclear en su ciudad.
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Amsterdam, 7 de marzo de 2012 – A pocos días de que se cumpla un año del tsunami y posterior desastre nuclear ocurridos en Fukushima, Japón el 11 de marzo de 2011, los representantes de más de 50 organizaciones y otras personalidades de diferentes países publicaron unacarta abierta a los líderes mundiales solicitando inversión en las áreas de seguridad, energía renovable para terminar con la amenaza del poder nuclear y pidiendo, además, priorizar la protección de los seres humanos por sobre la protección de la industria nuclear. (1)
Entre los firmantes se encuentran: Arzobispo Dr. Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz; Marina Silva, ex Ministra de Medio Ambiente del Brasil; el Senador Bobby Brown, líder del Partido Verde australiano; Ralph Nader, activista ambiental de los Estados Unidos; John Hall, ex Diputado de los Estados Unidos; Richard Harvey, especialista internacional en Derechos Humanos; diversos artistas; líderes de las áreas de Derechos Humanos, Trabajo, Desarrollo y organizaciones ambientales, como Action Aid International, Health Care Without Arm, Greenpeace International, Friends of the Earth US, CIVICUS, el Grupo Feminista de Tareas perteneciente a Llamado a una Acción Global contra la Pobreza, y una extensa lista de ONGs.
La carta comienza diciendo: “En nombre de los millones de personas alrededor del mundo que conviven con la amenaza de que un desastre nuclear arruine sus vidas, les escribimos para pedirles que reconozcan que es hora de poner al ser humano por encima de la industria nuclear y responsabilizar categóricamente a dicha industria por los riesgos y daños que sus desastres causan. Es hora de eliminar los riesgos nucleares de las vidas de las personas e introducir mecanismos limpios y seguros en nuestras economías.”
Los impactos del desastre nuclear de Fukushima afectan a cientos de miles de japoneses que han quedado expuestos a la contaminación radioactiva, que han sido desplazados de sus hogares, desarraigados de sus comunidades, que han perdido sus empleos y que viven con el temor permanente de que sus hijos sufran alguno de los efectos a largo plazo que implica la exposición a la radiación. Esta clase de padecimientos se repetirá en cada país en el que haya un desastre nuclear.
La carta señala que el desastre nuclear de Fukushima fue el resultado de la falla de las instituciones japonesas en la protección de su pueblo frente a este tipo de accidentes. Estos errores institucionales se observan en todos los países que poseen reactores nucleares, poniendo en riesgo a millones de personas, porque los gobiernos “están más preocupados por proteger los beneficios que en asumir su responsabilidad de proteger a las personas”.
Greenpeace enviará la carta abierta a los líderes mundiales a fines de animarlos a erradicar del mundo los riesgos de la energía nuclear.
Notas:
1) Para leer la carta abierta a los líderes mundiales (en inglés) hacé click aquí
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El matutino Página 12 publicó una nota titulada “Opciones para ampliar el menú” en la que dos columnistas explican la necesidad de modificar la dependencia de los hidrocarburos como fuente de energía. Ernesto Boerio, ingeniero integrante de la Campaña de Clima y Energía de Greenpeace Argentina, advierte sobre los riesgos de la energía nuclear y explica el abanico de opciones con que cuenta nuestro territorio.
El potencial eólico
Por Ernesto Boerio *
Las recientes pruebas en Atucha II darán paso al comienzo de las operaciones de la central nuclear el próximo año. Dirán que la energía nuclear es desarrollo, que es avance científico, que es progreso, que es energía limpia, que nos dará independencia porque es un recurso estratégico. Todo lo contrario, la energía nuclear es como se pensaba el desarrollo en los ’70, pero el progreso de la Argentina de hoy tiene que pasar por el desarrollo de las energías renovables.
Son las únicas que podrán darnos una independencia real, ya que no necesitan de combustible. La energía nuclear no es avance científico, y menos lo es Atucha II cuya tecnología y diseño son de la década del ’80. El progreso es tal sólo si es sustentable, porque de otra manera se trataría de la satisfacción de necesidades actuales dilapidando los recursos existentes. El argumento estratégico roza más con una aspiración armamentística que una realidad energética.
Mientras Argentina pone en marcha su plan nuclear, Europa abandona paulatinamente su uso. Alemania ya organizó el apagado progresivo de sus diecisiete centrales al 2022. Suiza decidió lo mismo para sus cinco centrales y en el 2034 estarán todas fuera de funcionamiento. Italia recientemente le dijo no a la energía nuclear a través de un plebiscito. Francia, el país con mayor incidencia de la generación nuclear en su matriz eléctrica, está dando señales de querer disminuir su participación.
El accidente de Fukushima mostró una vez más la vulnerabilidad de las centrales nucleares. Cuando en 1986 explotó uno de los reactores en Chernobyl se pensó que esas cosas pasan en países en desarrollo que cuentan con controles y tecnología obsoletos. Cuando hace más de seis meses el tsunami en Japón dejó al descubierto la inseguridad de los reactores, el argumento fue que el diseño de la central no tenía en cuenta olas de 10 metros de altura. La pregunta es ¿cuál será el argumento que justificará el próximo accidente nuclear?
A menudo se escucha que los defensores de la energía nuclear mencionan la ecuación económica, y afirman que se trata de una de las energías de menor costo. El último informe sobre el estado mundial de la industria nuclear (2009) encargado a un grupo de expertos por el Ministerio Federal de Ambiente revela, por ejemplo, que una de las pocas centrales actuales en construcción, Okiluoto-3 en Finlandia, costará alrededor de U$S 4000/kW instalado. Este valor es el doble de lo que sale la energía eólica en la actualidad. Además, estos costos no incluyen los altos gastos de la disposición final de los residuos y el desmantelamiento de la central una vez concluida su vida útil. Se estima que el costo de Atucha II ronda los 5 mil millones de dólares, cifra más que suficiente para instalar parques eólicos por más de tres veces la potencia de Atucha II.
La peligrosidad de los residuos de alta radiactividad inherentes a la actividad nuclear y los riesgos de la minería de uranio no hacen más que agravar la ya complicada ecuación del sector. Para dar una idea, no existe en el mundo hasta el momento un vertedero nuclear. Los residuos deben alojarse junto a los reactores en piscinas refrigeradas que aseguren su estabilidad. Existe un proyecto en Onkalo, Finlandia, que pretende ser un vertedero nuclear por 100.000 años. El documental Into Eternity (2011) relata algunos aspectos de este proyecto y nos muestra lo complicado y controvertido de llevarlo adelante.
El gobierno nacional no sólo termina Atucha II, sino que planea extender la vida útil de la central de Embalse en Córdoba, y tiene planes para construir una cuarta central nuclear. Este plan nuclear omite las instancias de participación, como lo son las audiencias públicas y los estudios de impacto ambiental de las obras. El mensaje que el gobierno nacional da a la ciudadanía es que no importa su opinión y que el impacto ambiental de dichas obras no es importante. Es curioso que el accidente de Fukushima haya pasado inadvertido para nuestra dirigencia.
Por todo lo expuesto anteriormente le digo no a la energía nuclear en Argentina y en todo el mundo. Nuestro país tiene sobradas opciones para reemplazar los proyectos nucleares con energías renovables y limpias. El potencial eólico, solar, hidroeléctrico, geotérmico, biomásico y undimotriz en Argentina es enorme y debe ser prioritario su desarrollo para tener un futuro energético sustentable.
*Ingeniero. Campaña de Clima y Energía Greenpeace Argentina.
Una corte francesa condenó a la empresa estatal de energía de ese país, Electricité de France SA (EDF), por espiar a Greenpeace, obligando a la empresa a pagar una multa de 1.5 millones de Euros, además de 500.000 Euros en concepto de daños no materiales para la organización ambientalista.
EDF, la mayor productora de energía de Europa, fue acusada de complicidad en esconder documentos robados y en introducirse en una red de computadoras. En 2006, EDF contrató a un hacker y a un investigador privado en una operación secreta para espiar las actividades de Greenpeace Francia. La operación de espionaje monitoreó a Greenpeace mientras cuestionaba planes del gobierno británico de trabajar con EDF para expandir su capacidad nuclear. La intrusión en los sistemas tuvo como consecuencia el robo de más de 1.400 documentos de la computadora del Director de Campañas de Greenpeace Francia.
“La multa contra EDF, y los daños otorgados a Greenpeace mandan un fuerte mensaje a la industria nuclear de que nadie está por encima de la ley”, dice Adélaïde Colin, Directora de Comunicaciones de Greenpeace Francia. “De camino a las próximas elecciones presidenciales, este veredicto deja claro que la industria nuclear no es compatible con la democracia francesa. Los votantes deberían tener este escándalo en mente e intentar asegurarse de que el problema de la energía en Francia no sea tomado como rehén por parte de la industria nuclear y los políticos”.
Greenpeace pasó varios años realizando campañas contra las operaciones nucleares de EDF; más de tres cuartas partes de la electricidad producida en Francia proviene de plantas nucleares. El desastre de Fukushima sacó a la luz los peligros inherentes de la energía nuclear y la falta de seguridad en la industria. Alemania, Italia, Suiza y Bélgica ya anunciaron que van a dejar la energía nuclear progresivamente. En Francia, los votantes tienen una oportunidad en las próximas elecciones de mandarle un mensaje a los políticos de que ellos también quieren alejarse de la energía nuclear.
Además de los cargos contra EDF, dos oficiales de seguridad nuclear de la empresa y dos empleados de Kargus Consulting, la empresa que EDF contrató para realizar las tareas de espionaje, fueron condenados por cargos relacionados con el espionaje. Los cuatro fueron condenados a prisión, con parte de su sentencia en suspenso, y tres de ellos fueron además multados (1).
“Este caso de espionaje por parte de EDF debería ser otro mensaje para cualquier país que considere la construcción de reactores de que la industria nuclear no es de confianza”, dijo Colin. “¿Quién podría confiar en una industria que espía y que en el caso de Fukushima no le dice la verdad a los ciudadanos sobre su desastre nuclear? En vez de trabajar con la industria nuclear, los países deberían invertir en fuentes limpias y seguras de energía renovable”.
Notas:
(1) Pascal Durieux, director de seguridad nuclear en EDF en 2006 fue condenado a tres años de prisión (con dos años en suspenso) y recibió una multa de 10.000 Euros.
Pierre-Paul Francois, segundo a cargo de seguridad nuclear de EDF en 2006 fue condenado a tres años de prisión (con 30 meses en suspenso).
Thierry Lorho, director de Kargus, fue condenado a tres años de prisión (con dos años en suspenso) y recibió una multa de 4.000 Euros.
Alain Quiros, experto en computacion de Kargus, fue sentenciado a dos años de prisión (con 18 meses en suspenso) y recibió una multa de 4.000 Euros.
Lauri Myllyvirta, integrante de la campaña de Energía de Greenpeace Internacional, escribió este post para contarnos cómo avanza la eliminación de la energía nuclear como en el continente europeo. Estar al tanto de lo que ocurre alrededor del mundo nos ayuda a repensar las políticas energéticas de Argentina que, en lo que a energía atómica respecta, van a contramano del rumbo que muchos países están tomando luego de Fukushima.
El movimiento por parte de los países europeos para eliminar gradualmente la energía nuclear se acaba de hacer más fuerte. En los últimos días, la industria nuclear europea recibió dos duros golpes.
Como resultado de una impresionante campaña pública, negociadores del gobierno de Bélgica llegaron a un acuerdo para empezar a dejar la energía nuclear por etapas con un plan que prevé el cierre de tres de los siete reactores del país para 2015 o 2018 como máximo. Por otro lado, el CEO de una empresa nuclear holandesa dijo que el proyecto del reactor Borssele 2 no se realizará sin grandes subsidios públicos, una idea absurda en una época de austeridad.
Tanto en Bélgica como en Holanda, Greenpeace estuvo trabajando intensamente para convencer a los gobiernos de pasar de la peligrosa energía nuclear a alternativas más seguras y ecológicas. Hace dos semanas, Greenpeace entregó un petitorio de 100.000 firmas al futuro Primer Ministro belga exigiendo el abandono de la energía nuclear, una cifra realmente impactante en un país con 10 millones de habitantes. De acuerdo a encuestas, el 60% de los belgas se oponen a la energía nuclear.
Las noticias de Holanda y Bélgica llegan de la mano de nuevas proyecciones de todos los analistas serios que están reevaluando la capacidad nuclear global y la disminución en la construcción de nuevos reactores. Se cancelaron y demoraron órdenes para la construcción de reactores nuevos y varios países están tomando la decisión de cerrar sus viejos reactores. La industria nuclear entró en descenso hace varios años y ahora parecería ser que este descenso es permanente.
A medida que se vayan cerrando más y más peligrosas y contaminantes plantas nucleares, se irán sentando las bases para un sistema compuesto en su totalidad por energías renovables. No hay dudas de que eso es lo que la gente quiere cuando se opone a la energía nuclear. Tampoco hay dudas de que, técnica y económicamente, un sistema de energías renovables no sólo es factible, sino que también sería beneficioso. Que más países se sumen a la revolución de energía segura y limpia también significa políticas más fuertes en la Unión Europea y más chances de cooperación internacional para alcanzar objetivos energéticos y climáticos. Greenpeace va a seguir trabajando para asegurarse de que la llegada de energías renovables venga de la mano del cierre de plantas de energía contaminantes.
Bélgica y Holanda son dos de los países que más se podrían beneficiar con el desarrollo de un gran sistema eólico en el Mar del Norte. Greenpeace desarrolló un informe que muestra cómo se podría implementar este sistema. Durante años estuvimos promocionando este sistema y ya se está poniendo en marcha. El sistema va a conectar campos de generadores en el océano en el Reino Unido, Noruega, Bélgica y Holanda para convertirse en una gigantesca fuente de energía para el continente europeo.
Casi doscientas mujeres de Fukushima empezaron ayer una sentada de tres días afuera del ministerio de economía de Japón en Tokio, exigiendo la evacuación de los niños en las zonas con altos niveles de radiación, y el cierre permanente de los reactores que se encuentran actualmente apagados. Su protesta pacífica, sobre la cual escribimos en un post anterior, es una demostración muy poderosa – casi radical – en un país en el que alzar la voz puede significar ser condenado por la sociedad. Estas no son mujeres con historia de protesta. Son madres que temen por la seguridad y el futuro de sus hijos. Son abuelas separadas de sus familias. El hecho de que hayan suspendido sus propias vidas y las de sus familias durante estos tres días refleja lo grave de su situación a partir del desastre nuclear.
Las responsabilidades de estas mujeres crecieron mucho desde que el desastre cambió sus vidas. Una de las mujeres, la Sra. Saeko Uno, escapó de Fukushima con su hija de 4 años a pocas horas del terremoto el 11 de marzo. Ahora vive en otra ciudad, pero su marido no puede dejar su trabajo en Fukushima y tiene que viajar ida y vuelta entre las dos ciudades. Y ella está naturalmente muy frustrada por la separación forzosa. La Sra. Uno se sumó a la protesta para contarle al mundo que Fukushima no necesita a la energía nuclear. Allí, muchas víctimas de la radiación no son reconocidas por el gobierno y por tanto no se las evacua. Esta injusticia es otro de los temas que llevaron a la Sra. Uno y a docenas de otras mujeres a Tokio a protestar.
Estas mujeres tienen orígenes e historias muy distintas. Hay jóvenes y ancianas (incluyendo a una señora de 86 años), maestras y granjeras. Durante la sentada van a tejer una larga cadena de lana, un símbolo de su conexión. Están haciendo un llamamiento a todas las mujeres de Japón y del resto del mundo, para que se sumen a partir del 30 de octubre. Algunas de ellas estuvieron protestando en contra de la planta en Fukushima durante años, mucho antes del terremoto y el tsunami. Otras se sumaron después de que la radiación empezó a afectar a sus familias y a sus chicos. La mayoría, explica la Sra. Uno, quiere conectarse con las demás y, entre la desesperación que las convoca, encontrar una luz de esperanza.
Decile NO a la energía nuclear. Sumate a nuestro movimiento anti nuclear haciendo click aquí.
Greenpeace presentó hoy en Bruselas un mapa [1] que permite a los ciudadanos de cada país en Europa consultar cómo le fue a cada planta nuclear en pruebas de respuesta ante escenarios extremos. Los resultados demuestrasn que no son infalibles ni 100% seguras ante ese tipo de situaciones.
Después del desastre de Fukushima en Japón, Bruselas les ordenó a todos los operadores de plantas nucleares realizar pruebas y entregar y publicar los resultados para el 31 de octubre. Las pruebas tienen como objetivo ver si las plantas podrían soportar situaciones extremas como terremotos, inundaciones, pérdida de electricidad y fallas en el sistema de enfriamiento.
Al día de hoy, varios reguladores todavía no hicieron públicos los resultados, a pesar de haber sido intimados por el Grupo de Reguladores de Seguridad Nuclear Europeo (ENSREG, por sus siglas en inglés), el grupo que diseñó las pruebas [2].
El análisis preliminar de Greenpeace de las aproximadamente 10.000 páginas de informes publicados reveló que faltan resultados. Se suponía que las múltiples fallas de los reactores en Fukushima debían ser estudiadas, pero todavía no se conocesn los resultados. El análisis del peligro que supone un accidente aéreo en una planta también era parte de las pruebas pero en su gran mayoría fue ignorado.
La consultora de política nuclear de Greenpeace para la Unión Europea, Jan Haverkamp, dijo: “Fukushima nos enseñó que tenemos que pensar en lo impensable, y estas pruebas obligaron a los dueños de las plantas a hacer eso. Pero todavía quedan muchos baches; ¿por qué se ignoran los planes de evacuación de pueblos y ciudades, por qué no se considera la edad de los reactores, y por qué las autoridades prometieron evaluar los peligros de una falla simultánea en varios reactores y de choques de grandes aviones y sin embargo no han hecho las pruebas pertinentes?”.
Donde los entes reguladores nacionales son más independientes de los operadores, y por tanto pueden ser más rigurosos, se realizó una mayor cantidad de pruebas, como, por ejemplo, en Francia. Otros países casi no publicaron información relevante, incluyendo a la República Checa, Suecia y el Reino Unido. La República Checa presentó un informe de siete páginas sobre sus seis reactores, comparado con el informe de 117 páginas sobre un sólo reactor de Eslovenia.
Pasada la fecha límite de hoy, la Comisión Europea va a preparar un informe temporario para la reunión de los ministros de energía de la UE el 9 de diciembre de 2011.
La conlusión es que ninguna central nuclear garantiza seguridad. El error humano, problemas organizativos o técnicos, los desastres naturales o ataques terroristas, sabotaje o actos de guerra hacen que, incluso hasta las más nuevas y más sofisticadas, puedan conducir a fugas radiactivas similar a la de Chernobyl y de Fukushima.
[2] Las especificaciones de las pruebas del Grupo de Reguladores de Seguridad Nuclear Europeo, adoptadas por unanimidad por los entes reguladores de cada país en mayo de 201,1 exigen la publicación de todos los informes de reguladores y operadores.