El viaje de Greenpeace: Mis últimas horas en tierra antes de zarpar con el Rainbow Warrior III

El nuevo barco de Greenpeace está a punto de soltar amarras por primera vez y los nervios, las emociones y la expectativa de sus tripulantes se siente en el aire. Nuestro compañero Pablo Bullrich nos cuenta cómo vivió esas últimas horas a bordo, pero en tierra firme, antes de emprender un viaje de tres meses que le significará ser parte de la historia de Greenpeace en la lucha por defender el medioambiente navegando los océanos del mundo. Lo compartimos con ustedes:
"Les escribo nuevamente desde Bremen, Alemania, a pocas horas de comenzar en viaje inaugural del Rainbow Warrior III. Durante estos últimos días estuvimos muy ocupados con los preparativos para el primer tramo del viaje, que tendrá su primera parada en Hamburgo. El trabajo fue intenso y era necesario que estuvieran todas las manos posibles colaborando en la cubierta.

El lunes las tareas comenzaron muy temprano por la mañana. Nuestra primera misión fue colocar las velas en los mástiles y ello requirió bastante tiempo y trabajo, pero, finalmente, con la ayuda de casi toda la tripulación logramos ubicarlas y fue emocionante ver cómo se iban desplegando una por una. El resto del día estuvimos cargando y descargando materiales sin parar, cansados pero felices de saber que estamos formando parte de la historia de Greenpeace.

Ayer, nuesta trabajo fue similar. Debíamos terminar de cargar todo lo que faltaba y dedicarnos a los detalles de último momento, con la diferencia que, esta vez, el clima no nos estaba ayudando. Amanecimos escuchando los sonidos de una tormenta muy fuerte y el diluvio duró prácticamente todo el día. A la lluvia debimos agregarle los 3°C del otoño en Bremen, lo que hizo que trabajar en la cubierta fuera realmente complicado, podíamos sentir el frío helando nuestras manos y caras.
Afortunadamente, el movimiento constante que requería nuestro trabajo nos hizo entrar en calor rápidamente y, aún estando debajo de la lluvia, pudimos terminar de cargar todo lo necesario. Una de las tareas más importantes fue subir a bordo armazones (estructuras de hierro similares a andamios triangulares) que contendrán 54 gigantografías. Logramos hacerlo con una grúa y, a continuación, acomodamos todos los paneles que la integran adentro del hangar. En un momento, pensamos que los 54 paneles no iban a entrar pero, con un poco de maña y ayuda del resto de los tripulantes, logramos que encajen con lo justo.
Fue un momento especial, dado que se trata de una exhibición de fotos que debemos presentar en cada puerto en el que nos detengamos. De hecho, es mi responsabilidad montarla, desmontarla y cuidar de ella mientras esté a bordo del Rainbow.

Inmediatamente después de terminar de subir al barco absolutamente todos los materiales, la lluvia se detuvo. No creo equivocarme al decir que en un principio, estando cansados y mojados en la cubierta, nos pareció bastante irónico. Pero, ni bien alzamos la mirada, vimos una imagen que hablaba por sí sola: un enorme arco iris atravesaba el cielo azul y se erguía como un manto protector sobre nuestro querido Guerrero del Arco Iris. Recibimos esa bendición de la naturaleza justo en el momento en el que el barco Rainbow Warrior se convertía en mi nuevo hogar por los próximos tres meses, dado que ese mismo día pasaría mi primera noche a bordo.

Fue entonces cuando comencé a sentir cómo será la vida estando 24 horas a bordo, ya que hasta el momento, si bien estaba la mayor parte del día en el barco, a la hora de cenar volvía a tierra firme a dormir en la “Crew House”, una casa que está ubicada a quince minutos del puerto. Esa noche fue diferente, con luna casi llena y el cielo despejado fue una experiencia única salir a la cubierta por la noche para mirar al horizonte y ver desde lejos las luces de la ciudad de Bremen.
Mientras escribo estas líneas son las 11.30 de la mañana (hora local) del miércolesy estoy listo para partir. Por primera vez en la historia este barco empezará a navegar con toda la tripulación completa, preparada para defender el medioambiente. El Guerrero del Arco Iris está a punto de comenzar a hacer historia y aún no puedo creer que voy a formar parte de esa experiencia.

Gracias a todos los socios de Greenpeace en todo el mundo. Ellos fueron quienes hicieron posible que hoy tengamos este barco con nosotros. El Rainbow Warrior III existe gracias a ustedes y así logramos nuestra independencia como organización, que nos permite hacer campañas sin tener que rendirle cuentas a nadie más que a ustedes. Gracias por hacer posible este increíble nuevo barco, definitivamente ustedes están haciendo historia con nosotros. Gracias por ser parte de Greenpeace."
Pablo
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Publicado por Pablo Bullrich
Volví hace un rato de la demostración y les escribo rápido antes de irme a dormir. Hoy a la mañana Copenhague amaneció completamente nevado y toda la tripulación del RW se fue a trabajar fuera del barco y nos quedamos sólo el Capitán, el Segundo Oficial, el Jefe de máquinas, el cocinero y yo.















Nací en Ecuador, y desde chico uno de mis sueños fue trabajar en Greenpeace. Es por eso que hace cuatro años cuando fui a estudiar en Argentina, lo primero que hice fue ir a la oficina local y empecé, al igual que muchos otros en esta organización, como voluntario. Allí pude conocer como funciona una de las más grandes y efectivas organizaciones ambientales del mundo, y me gustó mucho.
Durante tres meses estaremos recorriendo las aguas internacionales que rodean a las naciones isleñas del Pacífico Sur, evitando que las flotas extranjeras sigan llevándose el atún sin ningún control. Queremos que las naciones pobres puedan aprovechar sus recursos de una manera sustentable y que las generaciones futuras conozcan al mar como todavía es, con vida.
Desde hace casi dos meses que convivo con gente de 19 países –incluidos 3 argentinos- de quienes aprendo algo todos los días. He podido conocer los problemas y amenazas que sufre la naturaleza en todos sus lugares de origen pero también saber que hay gente haciendo algo para cuidarla en cada uno de ellos.