Mario, el Segundo Ingeniero y el segundo argentino del barco
Fue una agradable sorpresa para mí llegar a Australia, subirme al barco y escuchar a gente hablando en mi propio idioma. Soy un tipo que se acostumbra fácil a las cosas pero la verdad es que estaba nervioso de pasar tanto tiempo sólo con “gringos” (como llamamos cariñosamente en Ecuador a todos los que son rubios y hablan otros idiomas).
Luego la sorpresa fue mejor cuando supe que no sólo habían otros latinos –tres argentinos, un panameño y un mexicano- sino que en el barco había un total de 20 nacionalidades. Es decir que no estaba solo en esto, que todos tendríamos que adaptarnos mutuamente y aprender a convivir.
Otro de los latinos es Mario Alejandro Redigo, argentino nacido en Capital Federal hace 38 años y que ocupa el cargo de Segundo Ingeniero.
Mario estudió en la Escuela Nacional de Náutica y navega desde 1994 en distintos barcos por todo el mundo. Está en Greenpeace desde el año 2002, ha navegado además en el Rainbow Warrior y en el Esperanza y está a cargo de que funcione bien todo lo que tiene que ver con mecánica, es decir las bombas, máquinas, y todo lo que hace que el barco se mueva y podamos llegar a nuestros destinos.
Sus responsabilidades son muchas e incluyen el estar de guardia cada tres días durante 24 horas, es decir que ese día -además de su trabajo normal- tiene que estar disponible a cualquier hora para solucionar los problemas que se susciten. Junto a su cama tiene una consola electrónica en la que prende una alarma si hay algo en cualquier lugar del barco, y a él no le queda más que levantarse e ir a solucionarlo.
Es decir que el suyo es un trabajo sacrificado, como todos en el mar.
Su otra pasión –cuando está en tierra- son las motos. Tiene un taller donde las repara y habla de la suya constantemente, casi como si se tratara de una novia. Mario se da tiempo también de ser el profesor de ajedrez a bordo, y entre clase y clase juega unas partidas a muerte con Paul, un alemán que es el electricista del Esperanza. Mario dice que él siempre gana, pero no estamos seguros de que sea así.
Habiendo trabajado en otros barcos, su opinión es con conocimiento de causa, “me gusta trabajar en Greenpeace, es el paraíso” dice, pues aquí no sólo está navegando por el mundo sino contribuyendo a que la naturaleza sea respetada y tenga una voz que denuncie lo que pasa en los lugares más lejanos, más escondidos, para que gente como ustedes puedan hacer algo en su favor.
Porque el trabajo de Greenpeace no sirve de nada si no “despierta” a la gente en todo el mundo, si no logra que cada uno de ustedes haga su parte desde donde se encuentre: llamar o mandar mensajes a los gobernantes, exigir responsabilidad a las empresas, firmar peticiones.
Por eso no queremos dejar de agradecerles, porque una parte muy importante de nuestra tarea la hacen todos ustedes.
Publicado por Felipe Vallejo



Nací en Ecuador, y desde chico uno de mis sueños fue trabajar en Greenpeace. Es por eso que hace cuatro años cuando fui a estudiar en Argentina, lo primero que hice fue ir a la oficina local y empecé, al igual que muchos otros en esta organización, como voluntario. Allí pude conocer como funciona una de las más grandes y efectivas organizaciones ambientales del mundo, y me gustó mucho.
Durante tres meses estaremos recorriendo las aguas internacionales que rodean a las naciones isleñas del Pacífico Sur, evitando que las flotas extranjeras sigan llevándose el atún sin ningún control. Queremos que las naciones pobres puedan aprovechar sus recursos de una manera sustentable y que las generaciones futuras conozcan al mar como todavía es, con vida.
Desde hace casi dos meses que convivo con gente de 19 países –incluidos 3 argentinos- de quienes aprendo algo todos los días. He podido conocer los problemas y amenazas que sufre la naturaleza en todos sus lugares de origen pero también saber que hay gente haciendo algo para cuidarla en cada uno de ellos.










