Rainbow Warrior: Estocolmo recibe al nuevo barco de Greenpeace con los brazos abiertos

El Rainbow Warrior continúa su primer viaje por los mares del mundo en el tour que verá a sus tripulantes defender al medioambiente navegando. Esta vez, dejan atrás a Londres y visitan Estocolmo (Suecia). Nuestro compañero Pablo Bullrich hoy nos cuenta cómo vivió ese recorrido, las nuevas actividades a bordo y la llegada a la ciudad. No te lo pierdas:

“La última vez que les escribí fue cuando partíamos de Londres. Salimos desde esa hermosa ciudad muy temprano en la madrugada. Generalmente, mi posición de trabajo para arribos y partidas es la estación de la popa. Pero esta vez tuve el honor de ser el encargado de liberar el Rainbow Warrior de sus amarras desde la costa. En ese momento me di cuenta de que nunca había visto al barco alejarse de un puerto. Pude observar lo impresionante que es. Verlo "desde afuera" y en contraste con la gran ciudad es una sensación indescriptible, le da un significado distinto. Y entendí, así, la emoción de todos los voluntarios, activistas y socios de Greenpeace que se acercan a despedirnos en cada puerto.

Una vez que salimos, sabíamos que enfrentaríamos 5 días de navegación hasta Estocolmo. Se presentaba por primera vez, el desafío más grande para este barco y su tripulación, debido a que nunca antes habíamos estado tantos días en altamar. El Guerrero está cumpliendo ahora su primer mes de vida y todavía está en una etapa de prueba y testeo constante. En esos cinco días aprovechamos para hacer mantenimiento y limpieza del barco, pero también para terminar de armar algunos elementos. Lo que se hizo un poco difícil porque el barco estuvo más inquieto de lo habitual en al menos dos de esos días. Y trabajar con herramientas en pleno movimiento no sólo se hace difícil sino que puede ser peligroso, así que debíamos ser extremadamente cuidadosos.

width=

En este tramo de cinco días también estrenamos la sala de conferencias del barco, que es uno de los espacios más amplios y que hasta ahora solo era usado por la tripulación como lugar de almacenamiento. Usando un proyector y la pantalla una noche tuvimos la oportunidad de ver dos películas. La primera fue “The Prize Of The Pole” de Staffan Julén y la otra fue “You Belong to Me” de Julia Stanislawska.

Staffan y Julia son parte del equipo de documentalistas que viajan con nosotros en el barco. Lo mejor por consecuencia es que después de ver las películas, en este caso dos documentales, pudimos charlar con ellos sobre la realización de los mismos y sus motivaciones para hacerlos.

El mismo espacio, la sala de conferencias, se empezó a convertir también en un gimnasio para mantener saludable a toda la tripulación. Un día antes de llegar a Estocolmo algunos estuvimos entretenidos armando una bicicleta fija y una máquina de remo que ahora permanecen en ese salón para usar después del horario de trabajo.

Finalmente, quiero contarles sobre la llegada a Estocolmo. El horario de arribo a puerto era a las 8 de la mañana, lo que significaba que todo el departamento de cubierta, del cual formo parte, debía levantarse a las 4 de la mañana para preparar los cabos, las defensas y tener todo listo para el amarre.

A medida que íbamos haciendo esto vimos cómo iba amaneciendo sobre el mar del Báltico y como a los costados iban apareciendo increíbles paisajes de casas antiguas en medio de árboles a orillas del mar. Estocolmo es una ciudad integrada por 14 islas, de manera tal que mucha gente vive a orillas del agua o incluso en barcos sobre la costa. Por ello, en nuestro paso, si bien era muy temprano en la mañana, vimos cómo algunos ciudadanos salían a saludarnos desde sus casas.

Una vez en puerto se presentó otro nuevo desafío, teníamos sólo dos horas para montar la exhibición de fotos que viaja con nosotros y poner el barco en orden porque a las 10 en punto arrancaba ya el primer día de Open Boat. Miles de personas se acercaron al barco en los tres días que estuvimos en puerto. Esta vez, al tour a bordo del Rainbow se le agregaban muchísimas actividades: una palestra, juegos para los más chicos, stands con información y una carpa donde se daban cuatro charlas diarias.

La oficina local me pidió si podía dar una de esas charlas, lo cual fue un orgullo hacer. En una de ellas, hablé sobre las problemáticas que abarca Greenpeace en nuestro país y los oyentes se mostraron impactados por un lado pero esperanzados de que estemos trabajando con fuerza para resolver los problemas ambientales que nos afectan.

Fueron tres días muy lindos en Estocolmo, a pesar del duro frio, pero ya nos toca partir otra vez. En estos momentos el barco va de vuelta al astillero en Bremenharven para unas reparaciones y mantenimiento, así que nos vamos del Mar Báltico para encarar de nuevo hacia el movido Mar del Norte. Les dejo ahora un hermoso video de la llegada a la ciudad:

Me despido y recuerden que pueden seguir de cerca todo lo que vaya ocurriendo suscribiéndose al blog y en la página de New Hands On Deck en Facebook.

Hasta la próxima!

Pablo

Suscribite al blog de Pablo en el Rainbow Warrior III y recibí en tu casilla de mail las actualizaciones del viaje. Hacé click aquí

Para leer las entregas anteriores, hacé click
aquí: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13.



Publicado por Pablo Bullrich

7 Comentarios

Pablo, un argentino a bordo del Rainbow Warrior III, el nuevo barco de Greenpeace

Nuestro compañero Pablo Bullrich tiene 25 años y hace tres años que trabaja en la oficina de Greenpeace Argentina como Social Media Manager. Fue seleccionado entre muchos jóvenes de Greenpeace para formar parte del programa “New Hands on Deck”: la tripulación que va a navegar alrededor de varios continentes a bordo del nuevo barco de Greenpeace, el Raninbow Warrior III. Desde el mar, Pablo va a estar documentando en tiempo real las acciones de Greenpeace que denunciarán los daños ambientales en las aguas del planeta. En adelante, compartirá en este blog sus experiencias y relatos. En esta primer entrega, nos cuenta sus sensaciones mientras se preparaba para emprender el viaje. No te lo pierdas:

“Y finalmente el día llegó. Acá estoy, a un día de partir, haciendo el bolso para partir a embarcarme en el mítico Rainbow Warrior en su última y nueva versión. Mañana al mediodía voy a estar rumbo a Alemania para llegar al astillero en Bremen donde reposa el Guerrero del Arco Iris listo para recibirme.

Los sentimientos son encontrados. Por un lado, cuesta muchísimo despedirse de familiares y amigos que no voy a ver por casi tres meses. Es muchísimo tiempo sin tener contacto con ellos y sé que va a ser difícil, por eso traté de aprovechar todo lo posible su compañía en estos últimos días. Desde comidas en familia hasta charlas con amigos. Y ahora, en un abrir y cerrar de ojos, esta semana de abrazos y besos de despedida se terminó. Mañana es el día de partir.

Por otro lado, el sentimiento mayor es de felicidad. Me estoy yendo a cumplir un sueño. Porque para mí, embarcarme en el Rainbow Warrior no es sólo ir a trabajar a un lugar poco común, es un sueño a punto de hacerse realidad. Sé que tengo un compromiso grande, porque a partir de que ponga un pie sobre ese barco estaré pasando automáticamente a formar parte de la historia de Greenpeace que ya tiene 40 años cambiando el mundo.

Mi rol en el barco es formar parte del programa “New Hands On Deck” (Nuevas Manos en Cubierta) que está integrado por siete jóvenes de diferentes rincones del mundo que forman parte de Greenpeace. Además de quien aquí escribe, son parte de este programa Helene (Dinamarca), Nick (Sudáfrica), Seychelle (Canadá), Fenton (Islas Fiji), Harmony (Estados Unidos) y Sean (China). Todos seremos marineros en diferentes partes del tour, y cada uno es especialista en una actividad específica. Seguramente ya les voy a poder contar un poco más de ellos en los próximos posteos.

En estos últimos días no todo fueron festejos y comidas de despedida. Este último fin de semana largo estuve dando una mano y participando del campamento anual interprovincial de voluntarios de Greenpeace. Algunos amigos y conocidos no podían creer que vaya a perder el último fin de semana antes de partir por ir al mismo, pero la realidad es que yo ya hace algunos años que trato de no perderme ninguno porque disfruto mucho el contacto con los chicos que todos los años me demuestran la fuerza que tenemos como organización basada en todas sus ganas de cambiar las cosas. Y creo que nada podría ser más acertado que ir a participar del campamento justo antes de irme, porque ahora me estoy yendo cargado de la energía y la buena onda de cientos de voluntarios de diferentes partes del país que me inspiran muchísimo para arrancar con esta aventura. Ellos, como yo y como vos que me leés, son parte del cambio que buscamos los que creemos en Greenpeace como una herramienta para hacerlo posible.

La despedida final amigos, es con ustedes que nos apoyan desde su casa siempre. Los invito a que, si tienen Facebook, se sumen a “New Hands On Deck” para mantenerse actualizado de las ultimas noticias de lo que estaré haciendo con mis compañeros a bordo. Y también los invito a todos a suscribirse a este blog para recibir las últimas novedades de lo que pase arriba del barco. Yo mientras tanto, prometo dar lo mejor de mí para representar a todos los argentinos de la mejor manera posible en el Rainbow Warrior III y me voy feliz de saber que la próxima vez que me estén leyendo, será ya con los pies en la cubierta de nuestro querido Guerrero del Arco Iris.

¡Hasta entonces!”

Pablo

Suscribite al blog de Pablo en el Rainbow Warrior III y recibí en tu casilla de mail las actualizaciones del viaje. Hacé click aquí

Publicado por Laura Colombo

7 Comentarios

¡El Esperanza en acción!

Felipe Vallejo nació en Ecuador y desde chico soñó con trabajar en Greenpeace. Hoy es miembro de la tripulación que navega el Océano Pacífico en una campaña para proteger el atún, una especie que, por la pesca irresponsable, está al borde de la extinción. Felipe comparte con nosotros sus experiencias a bordo del Esperanza, uno de los míticos barcos de Greenpeace. Ésta es la segunda entrega ¡No te lo pierdas!

¡Hola, acá yo transmitiendo desde el Esperanza nuevamente! Les cuento que como éste es un barco grande, donde convivimos más de 30 personas, todos hacemos de todo. Aunque tengas una posición definida, cuando se te necesita para otra cosa tienes que estar disponible. Esto va desde el capitán hasta los voluntarios y va desde cosas como la limpieza diaria o ayudar en la cocina hasta pilotear los botes o hacer guardias a medianoche.

Por la mañana temprano, después de desayunar, nos repartimos las tareas de limpieza a bordo del barco. Y en esto participan hasta los periodistas que a veces nos acompañan (ahora tenemos dos, de Nueva Zelanda) que pronto se contagian del espíritu solidario que se siente aquí. Después cada uno va a su respectiva función, algunos a la oficina, otros a los talleres, otros a la sala de máquinas o al cuarto de control, otros a llenar los tanques de buceo, otros a pintar carteles o al puente a montar guardia de observación (buscar barcos pesqueros con los binoculares), etc.

Adrián, panameño de 33 años, es el primer oficial de navegación.

Api, de 25 años, voluntario de Fiji, asistente de cocina.

Rigoberto, panameño y segundo ingeniero a bordo.

Pero cuando encontramos un blanco y decidimos hacer una protesta, las rutinas
quedan de lado y todos nos ponemos en acción. Así sucedió el otro día.
Mientras navegábamos el Pacífico Sur, encontramos un pesquero taiwanés usando un palangre, un arte de pesca en el que se tiende una línea principal (¡en este caso tenía 160 km. de largo!) de la que cuelgan miles de anzuelos con carnada. Después de algunas horas se saca para ver qué ha caído. Con este método hay muchísima pesca incidental y además de la especie dirigida – el atún – mueren tiburones, tortugas, aves marinas y más.

Por eso, cuando vimos al pesquero decidimos bajar los botes para protestar y solicitarles que salieran de este área. Como los camarógrafos estaban en el helicóptero a mí me tocó tripular uno de los botes y filmar y tomar fotografías. Transcurrieron 8 horas en el agua hasta que el capitán nos invitó a revisar sus registros y bodegas de pesca, en los que comprobamos que casi todo estaba en orden. Afortunadamente tampoco encontramos aletas de tiburón, una desagradable escena que casi siempre vemos en estos barcos. Amy -nuestra voluntaria taiwanesa – le informó al capitán sobre nuestra campaña para que estas zonas se conviertan en reserva marina.

Para que se den una idea, sólo en esta zona del Pacífico hay casi 6.000 de estos barcos que pronto están llevando a la extinción a muchas especies marinas. Esto tiene que parar o en pocos años no habrá nada más para pescar. Aquí les dejo el corto video que hice durante la acción y al final la imagen que salió en muchos medios de prensa de Taiwan. Espero que viéndolo sientan un poco más de cerca lo que sentimos los que tenemos la suerte de estar acá en el Esperanza.

¡Hasta la próxima!

Un abrazo,

Felipe.

Si querés enterarte cómo siguen los días de Felipe a bordo del Esperanza, hacé click aquí para que te enviemos las actualizaciones a tu casilla.

Publicado por Felipe Vallejo

3 Comentarios

Greenpeace bloquea un barco de perforación petrolera cerca de islas inglesas

Los activistas de Greenpeace a bordo del barco Esperanza continúan su labor desafiando a las industrias del petróleo a detener sus actividades en entornos remotos y frágiles del planeta.

Después de obstruir por dos días las perforaciones en una plataforma de la empresa Cairn Energy en el ártico durante el mes de agosto, los activistas están ahora bloqueando un buque, el Stena Carron, propiedad de la petrolera Chevron, cuyo destino es dirigirse al yacimiento petrolífero Lagavulin para perforar un nuevo pozo de exploración en el mar a una profundidad de 500 metros, frente a la oeste de las Islas Shetland (Reino Unido).

Tres días atrás, dos escaladores de Greenpeace (Victor y Anais) comenzaron la acción para evitar que el barco zarpe subiendo a su ancla y colgándose a cinco metros de las olas en una carpa suspendida con sogas, con lo que impidieron que el buque se mueva.

La segunda fase involucró la colocación de una especie de cápsula de supervivencia (equipada con alimentos y sistemas de comunicaciones) en la cadena del ancla del Stena Carron.  Después de realizar las tareas correspondientes a su instalación Victor y Anais regresaron al Esperanza para dar el pase a otros dos activistas, quienes planean habitar la cápsula -de dos metros de diámetro y un peso de media tonelada- durante un mes. De hecho, el equipo ya informó al capitán del Stena Carron que, por razones de seguridad, no podrá mover el ancla de la nave y que, como medida extra, un barco de la organización está colocado debajo de la cápsula.

La acción tiene una importancia  fundamental:  se estima que el área al oeste de las Shetland alberga entre 2.000 y 4.000 millones de barriles de petróleo y gas. Un vertido en la frontera del Atlántico podría ser incluso más difícil de detener de lo que fue para BP en el Golfo de México, pero hasta ahora el gobierno británico se niega a enfrentar la realidad y sigue emitiendo los permisos de perforación a este tipo de buques. “Es por eso que estamos en esta cápsula, colgados en la cadena del ancla de un buque de perforación a pocos metros sobre el mar. Mantendremos el bloqueo hasta que el gobierno establezca una moratoria sobre nuevas perforaciones en alta mar“, dijo uno de los activistas.

Hoy Chevron, solicitó una orden judicial para poner fin a la acción, alegando razones de seguridad de la embracación. Si los activistas
se niegan a retirarse, Greenpeace se enfrentaría a fuertes sanciones, incluyendo potencialmente la pena de prisión para algunos de sus miembros.

Leila Deen, una de los activistas que ocupó brevemente la cápsula, dijo: “Chevron está utilizando una batería de armas legales para poner fin a una protesta pacífica. Nuestra estadía en la cápsula involucra a escaladores expertos y es totalmente segura. Sin embargo, Chevron desean utilizar este barco en mares peligrosos, donde una desviación de a pocos metros de su posición implicaría el riesgo de generar un enorme desastre”.



Publicado por Laura Colombo

1 Comentario

25 años después, el hundimiento del Rainbow Warrior, contado por sus protagonistas

“Llegará un tiempo en que los pájaros caerán del cielo, los animales de los bosques morirán, el mar se ennegrecerá y los ríos correrán envenenados. En ese tiempo, hombres de todas las razas y pueblos se unirán como guerreros del arco iris para luchar contra la destrucción de la tierra”… Esta leyenda de los indios Cree da origen al nombre del barco más emblemático de Greenpeace, el Rainbow Warrior.

El 10 de julio es una fecha señalada para Greenpeace, un día como hoy hace 25 años, los servicios secretos franceses hundían, en Nueva Zelanda, el buque insignia de la organización, el Rainbow Warrior. En recuerdo del bombardeo, que le costó la vida al fotógrafo Fernando Pereira, en este post recogemos los primeros momentos, el desconcierto y la tragedia contada por sus protagonistas.

Peter Wilcox, capitán

23:48, Muelle Marsden, Auckland, 10 de julio de 1985. “Hemos chocado con otro barco”. Mira por el ojo de buey de su camarote, ve “las luces del muelle Marsden” y se da cuenta de que el barco está atracado. Pero algo no va bien. “Los ruidos indicaban algo extraño. Todavía en el catre busqué mis anteojos. No estaban. Durante cuatro años en alta mar nunca se habían caído de donde los dejaba colgados. Me levanté y ví que en el camarote todo estaba patas arriba”.

“Martini Gotje, el primer oficial, estaba al final de las escaleras que conducían a los camarotes de abajo y le pregunté si todo el mundo estaba despierto, él me contesto que sí. Entonces fue cuando estalló la segunda bomba, ¡justo debajo de nuestros pies! y ordené abandonar el barco”. Sólo habían transcurrido un par de minutos entre las dos explosiones.

“Me quedé de pie observando el barco desprendiendo todas esas burbujas. Entonces fue cuando Davey dijo que Fernando estaba abajo. Recuerdo que discutí con él, le dije que se equivocaba, que Fernando había ido a la ciudad, como hacía siempre. Él me dijo: no, Fernando está ahí abajo”.

“En Auckland, tras el atentado, celebramos un funeral en honor a Fernando que quisimos que no se convirtiera en algo triste. Cada uno intentó contar una historia divertida sobre él. Pero cuando tuvimos que recoger el féretro y abandonar la Iglesia, un peso tremendo cayó sobre mis hombros. Creo que es algo que nunca olvidaré y además considero que no debemos olvidarlo”.

Steve Swayer, colaborador

Steve Swayer era colaborador de la campaña de Océanos cuando se hundió el RW.

“El Jefe del Puerto nos convocó a Willcox y a mí para saber básicamente cuándo y cómo íbamos a sacar el barco del fondo de “su puerto”. En mitad de la conversación, la policía llamó por teléfono desde el muelle.

Empezaban a tener luz suficiente, los buceadores habían descendido y acababan de confirmar que la chapa había volado hacia dentro; era obvio que se trataba de una explosión provocada desde el exterior. Desde ese momento, la actitud de la policía cambió por completo”.

“Salí en la televisión australiana diciendo que no podían haber sido los franceses, no podían ser tan estúpidos… pero, en pocos días, se había desenredado la madeja. Como dijo un columnista en un periódico, lo único que faltaba era que se hubieran olvidado una boina, una barra de pan y una botella de Beaujolais.”

Bunny McDiarmid, marinera

Bunny McDiarmid es actualmente la directora de Greenpeace Nueva Zelanda, en el momento del atentado al Rainbow Warrior trabajaba como marinera.

“Nos dijo que habían hundido el barco y asesinado a Fernando. Me dejó trastornada, era incapaz de asumir que Fernando había muerto. Me resultaba increíble pensar que Fernando y el barco habían desaparecido, así, sin más”.

“El Rainbow Warrior ya no pertenece sólo a Greenpeace, ha pasado a formar parte de la historia de Nueva Zelanda. A los neozelandeses también les pertenece este barco, no sólo a Greenpeace. En muchas batallas entabladas en el Pacífico relacionadas con asuntos nucleares, el Warrior ha sido un símbolo y lo seguirá siendo; cada vez que se hable de él en esta parte del mundo, la gente lo recordará como abanderado de las campañas a favor de un mundo sin pruebas nucleares”.

“Las explosiones me confirmaron que lo que estaba haciendo podía cambiar algo”.

Fernando Pereira

La noche del 10 de julio de 1985, cuando el RW se preparaba para encabezar una flotilla con destino a Muroroa para protestar pacíficamente contra los ensayos nucleares de Francia, agentes de los servicios secretos franceses colocaron dos cargas explosivas en el casco del barco. La explosión de la segunda bomba provocó la muerte de Fernando Pereira, que estaba en su camarote recogiendo sus cámaras, y el hundimiento de barco.

El mundo se estremeció al comprobar que el gobierno francés era el autor del ataque. Dos agentes de los servicios secretos franceses fueron condenados a diez años en prisión por homicidio involuntario y siete por incendio provocado. Sin embargo, en los meses siguientes Francia ejerció una fuerte presión sobre Nueva Zelanda y llegó a un acuerdo que permitió a los dos inculpados cumplir condena en una prisión militar en Francia. En poco más de dos años fueron puestos en libertad y regresaron a París, donde recibieron honores y reanudaron sus carreras. Las Naciones Unidas ordenaron a Francia el pago de una compensación económica con la que Greenpeace pudo comprar un segundo Rainbow Warrior en 1989.


Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

12 Comentarios

Un activista en Haití

El coordinador de acciones de Greenpeace Argentina Sergio Domingo, escribió unas palabras contando su experiencia a bordo de una de las embarcaciones de nuestra organización, el Esperanza, donde viajó hacia Haití para colaborar con la Fundación Médicos sin Fronteras en la ayuda a los damnificados de una de las peores catástrofes naturales en la historia de América Latina.

Recién vuelvo de mi travesía por Haití. Quise escribirles antes pero no podía, por cuestiones técnicas y de cómo se quería manejar la comunicación en una situación tan delicada, hablar del tema hasta mi vuelta.

Nunca pensé llegar a Haití, cuando salí de Buenos Aires partí con la idea de quedarme 3 semanas en Curaçao, en las Antillas Holandesas para hacer dos entrenamientos a bordo de uno de los barcos de Greenpeace, el MY Esperanza, y perfeccionar mi trabajo como coordinador de acciones en la oficina de Greenpeace Argentina. Pero todo resultó distinto: cuando llegué al barco lo primero que me dijeron fue que el entrenamiento se suspendía y que me tenía que volver al día siguiente porque se unía como soporte a Médicos sin Fronteras para prestar ayuda en la catástrofe de Haití.

En ese momento sentí que tenía que estar, ayudar en lo que fuera necesario. Inmediatamente pedí estar en ese viaje, sabía que las posibilidades eran pocas porque no había más lugares, pero insistí y tuve la suerte de que un tripulante abandonaba el barco. Ahí ingresé en su lugar como marinero y el trabajo comenzó.

Cargamos materiales, frazadas, mantas, alimentos, combustible y distintos elementos necesarios para la campaña que se emprendía y arrancamos la travesía. Nos alertaron de la situación sanitaria y de violencia que se estaba viviendo, de que las tropas de la marina estadounidense estaban allí y que se había producido un nuevo sismo en la isla de 6,2 en la escala de Richter. Realmente cosas que cuando uno las lee en un diario o las ve por televisión las toma de otra forma. Allí se vivían de manera diferente, no era miedo lo que sentía sino el saber que me iba a encontrar con una realidad que nunca había visto y difícilmente me podía imaginar.

El viaje a Haití nos llevó 3 días y medio, y cuánto más cerca estábamos cada vez más la incertidumbre se transformaba en ansiedad por llegar a tierra y poder hacer algo. Cuando íbamos llegando, veíamos desde nuestra embarcación como, poco a poco, iban apareciendo más y más construcciones cerca de la costa, y comenzaban a verse algunas balsas pequeñas e improvisadas. Balsas rebalsadas de seres humanos queriendo escapar hacia aguas seguras y territorios menos complicados. Muchos helicópteros, aviones y gomones estaban ya en la zona.

Pintando banderas en el Esperanza.

Haitianos escapando a zonas más seguras.

También se comenzaba a ver de cerca lo que el terremoto había producido en el país centroamericano. En el camino a nuestro lugar, se podía apreciar la destrucción de la zona portuaria de la ciudad. Las balsas de la gente que pescaba se aproximaban a ellos, en busca de algo para abastecerse. Las grúas del puerto, inmensas estructuras de hierro, se veían flotando a dos aguas sobre la costa, como si las hubieran hundido con una mano desde el cielo. El escenario era terrible, por decir lo menos.

Las grietas que dejó el terremoto en el puerto.

Amarramos finalmente en Puerto Príncipe a 7 Km. del epicentro del terremoto y allí nos unimos a MSF para empezar el trabajo. Previamente habíamos estado confeccionando banderas con el logo de Médicos Sin Fronteras, para poder identificar en la zona de catástrofe de quién era el barco y para quién estaba trabajando. Durante la maniobra de amarre yo fui hacia la amarra de popa (la parte trasera del barco), a colaborar desde allí.

Una vez realizada esa tarea comenzó nuestra ardua labor: no reparábamos en el sacrificio, no pensábamos, sólo nos movíamos con agilidad porque todos sabíamos que había que bajar la carga y rápido. Había gente sufriendo que necesitaba cuanto antes los materiales. Comenzamos a descargar, pero enseguida contamos con la ayuda de muchas personas allí presentes. Eran haitianos, ciudadanos que estaban viviendo esta catástrofe en carne propia. Sabían que la ayuda era para ellos y estaban dispuestos a colaborar en este duro trabajo.

El barco comenzó a descargar lo que se podía con las grúas y el resto era un constante pase de mano a mano de los elementos. Esto se transformó en una larga cadena en donde por momentos tenía a un compañero de la tripulación a mi lado, por momentos a militares de otros países, y por momentos a gente local. En cuanto el tiempo nos permitía nos mirábamos, una sonrisa compasiva de ambos, un saludo de manos y una breve presentación con nuestros nombres. Eso fue todo, pero realmente me sentí muy útil, y ellos se encargaron de agradecernos personalmente. Aquí les comparto algunas fotos, las que están en blanco y negro las tomó Daniel Maykot, un miembro de la tripulación, las a color las saqué yo.

El trabajo no terminó allí, continuamos durante todo el día, prácticamente sin parar. En los pequeños momentos libres pude conversar un poco con la gente que nos ayudaba. Nos tratábamos de comunicar como podíamos, entre su francés y mi inglés, y me contaban como estaba todo allá, señalando la ciudad. “Un desastre, no hay agua, no hay comida, todo destruido”. Realmente sentí dolor, luego me pedían las zapatillas, colchones, me contaban cómo eran sus familias, lo mal que estaban. Yo trataba de imaginarme el padecimiento de esa gente.

Fue un día entero de trabajo, sacrificio y dolor y todos estábamos ansiosos por seguir ayudando, pero todo estaba supeditado a las necesidades que hubiera y debíamos esperar nuevas indicaciones a seguir.

Así fue que al día siguiente tuvimos una reunión en donde nos actualizaron la información. Nos comunicaron que nuestra ayuda hacia MSF se había completado y se mostraron sinceramente agradecidos por la colaboración que Greenpeace había brindado.

Dispuestos a ofrecer nuestra ayuda como barco de carga o lo que fuere hasta el el Esperanza fue ofrecido a distintas organizaciones que estaban trabajando en la zona, sin mucho éxito por desgracia. Lo positivo quizás de esta respuesta fue que realmente había mucha ayuda de distinto tipo disponible. El barco, con toda la estructura que tiene, pero también la que requiere, no era necesario.

Nuestro objetivo se había cumplido y nuestra tarea en Haití finalizaba. Quizás la gran expectativa creada en todos nosotros trajo alguna desazón, pero hicimos todos, desde cada uno de nuestros lugares, lo que pudimos para ayudar y nos pusimos al servicio del objetivo que no era otro que hacerle algo más fácil la vida a esta gente después de tamaña tragedia. La estadía fue corta pero todos nos destacaron la utilidad que tuvo.

Finalmente, volvimos a Curaçao para continuar con la agenda prevista anteriormente.

Con el pasar de los días, las emociones fueron decantando y pude darme cuenta realmente de lo que fue estar allí, de la posibilidad de decir presente aunque la estadía haya sido más corta y distinta a lo que esperaba. Pero es un primer paso, un comienzo a nivel personal y profesional y quería compartirlo con ustedes.

Sergio

Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

3 Comentarios

Nuestro Director Ejecutivo reflexiona sobre Copenhague a bordo del Rainbow Warrior

El Director Ejecutivo de Greenpeace Internacional Kumi Naidoo, escribió unas palabras desde el Rainbow Warrior II, en Copenhague, donde estuvo anoche junto a la tripulación.

Queridos colegas y amigos,

Sentado en el Rainbow Warrior, que actualmente está anclado en Copenhague, me alegra cumplir mi primer mes con Greenpeace. No puedo pensar en un mejor lugar para hacerlo, a bordo de un buque que es sinónimo de esperanza. Me siento contento, orgulloso y privilegiado de pasar la noche a bordo con la tripulación, y hoy a la tarde también me reuní y charlé con unos 150 voluntarios de Greenpeace que acampan a unos metros del ‘Warrior’. Mañana, espero pasar la noche con la tripulación del Arctic Sunrise, que también está en Copenhague.

Este es un renovador recreo de las caminatas por los pasillos del Bella Center , un respiro demasiado breve y una oportunidad para la reflexión.

Todos estamos aquí para dar testimonio de los importantes acontecimientos que ocurren en la Cumbre del Clima de Copenhague. La cumbre me puso en medio del mayor desafío que enfrentamos, en medio de un torbellino: la lucha por evitar un cambio climático fuera de control. Un bautismo de fuego, pero también una oportunidad increíble para mí de conocer a muchas más personas de Greenpeace, a todos ustedes que hacen lo que mejor saben hacer.

Acabamos de pasar la mitad del recorrido de las negociaciones sobre el clima. Ahora estamos esperando con impaciencia la llegada de más de 120 jefes de Estado. Hemos jugado un papel fundamental en lograr que asistan a la Cumbre, creando las condiciones para que se sientan obligados a asumir una responsabilidad personal por el resultado.

Ahora parece un buen momento para tomar un respiro, para reconocer todo el trabajo duro que hemos hecho y las cosas que hemos logrado hasta ahora. La dedicación incansable de los “Greenpeacers” – tanto el staff, como los activistas y voluntarios – es asombrosa y también inspiradora. Mi admiración y gratitud está dirigida a ustedes que trabajaron tan duro para realizar acciones poderosas, para llevar a cabo esta campaña con todas sus tácticas enfocadas en lograr un objetivo común.

El resultado está lejos de estar definido, y quizás no obtengamos el tratado justo, ambicioso y jurídicamente vinculante que tan desesperadamente necesitamos.  Debemos mantener nuestra energía durante los próximos días, que serán decisivos para el futuro de nuestro planeta, y vamos a apoyar nuestros valores fundamentales: la confrontación de una manera pacífica y creativa.

Vamos a garantizar que nuestras voces se sigan escuchando en voz alta y clara, de forma independiente y junto con nuestros aliados en la campaña tcktcktck.

Debemos mantener el impulso.

Nosotros podemos, queremos y debemos continuar con nuestra campaña para lograr Justicia para el Clima.

Kumi

Publicado por Fabiana Bellina

2 Comentarios

Tierra firme, un adiós al Esperanza.

¡Hoy ya les escribo desde tierra!

Después de casi tres meses navegando por el océano Pacífico nuestra expedición llegó a su fin y la mayoría de nosotros ha regresado o está regresando a sus lugares habituales.

Hay sentimientos encontrados, porque tanto tiempo en el mar te llega a cansar mucho y es un verdadero “alivio” bajar del barco, pero también es muy triste porque en esos meses de convivir con tanta gente llegas a hacer buenos amigos y amigas a los que no sabes cuándo volverás a ver. Además, como dicen, la vida en el mar es más sabrosa.

Luego de navegar por miles de kilómetros tratando de evitar y documentar la manera irracional con lo que devastamos los mares, llegamos a las Islas Cook, un pequeño paraíso situado en el Pacífico Sur, entre la Polinesia Francesa y Fiji. Este hermoso país consta de 15 islas que juntas tienen un área de solamente 240 km. cuadrados, pero su Zona Económica Exclusiva tiene casi 2 millones de kilómetros cuadrados. Es decir que tienen una riqueza natural gigante que –como en la mayoría de casos en estos pequeños países isleños- no está beneficiando a sus pobladores sino a las grandes flotas industriales que vienen de países extranjeros.

Algunos datos que nos demuestran esto:

• El negocio global de la pesca mueve alrededor de 300.000 millones de dólares al año, pero estos países –en los que se pesca un alto porcentaje de ese negocio- reciben sólo 400 millones al año entre todos ellos.

• En esta región trabajan alrededor de 8.000 barcos pesqueros, de los cuales el 90% son de países ajenos a la zona.

La última etapa de este viaje tuvo como objetivo encontrar y reportar las actividades ilegales de pesca en el mar de las Islas Cook. Como ya no estábamos en aguas internacionales no podíamos “actuar” para detenerlas, pero en este caso el proveer de evidencias al gobierno sobre estos actos puede resultar más beneficioso que evitar que uno o algunos barcos pesquen.

En el mapa se presentan en color naranja las áreas en las que patrullamos durante casi tres meses en esta expedición y que estamos empujando para que se conviertan en reservas marinas, probablemente la última esperanza para el atún en este lado del Pacífico.

Un claro ejemplo de esto fue cuando después de varios días de encontrar barcos de distintas nacionalidades, y reportar sus posiciones y actividades, nos topamos con el Koyu Maru 3, un barco de bandera japonesa pescando ilegalmente en aguas de las Islas Cook (no tiene licencia de ese país). Las fotos –con la posición GPS- que tomamos desde el helicóptero permitieron al gobierno de este país iniciar un reclamo formal al gobierno de Japón. Nos contaron que ellos sospechaban hace tiempo de este barco y muchos otros de bandera japonesa, pero que es la primera vez que han logrado tener las evidencias necesarias que les permitirán exigir sanciones y recibir compensaciones económicas.

Es una confirmación más de lo importante que es el “dar testimonio”, uno de los principios originales de Greenpeace que ha logrado que todo el mundo se entere de tantas atrocidades contra nuestro planeta que habrían seguido escondidas si no hubiera habido alguien que las saque a la luz.

Ahora todos estamos contentos del trabajo realizado y queremos disfrutar de estar en tierra firme, pero estoy seguro de que voy a extrañar mucho al Esperanza y a toda la gente con quién compartí estos meses de mi vida. Espero volver pronto y seguir poniendo mi granito de arena para que el mundo continúe siendo un buen lugar para vivir.

Muchas gracias a todos los que leyeron mis mensajes y siguieron nuestra expedición. Sigan protegiendo al planeta, apoyando a Greenpeace y llevando una vida responsable. Disfruten todos los días del mundo hermoso que tenemos y hagan todo lo que puedan por cuidarlo.

Les mando un abrazo,

Publicado por Felipe Vallejo

9 Comentarios

Propuesta de casamiento en el Arctic Sunrise

Por primera vez en la historia de los barcos de Greenpeace, un marinero a bordo del Arctic Sunrise le propuso casamiento a su novia con una bandera colocada en la cubierta, que pudo mostrarle a través de la webcam. Ella dijo que sí inmediatamente. Muchas felicidades para Po Paul y Gabrielle.

Publicado por Mariana Diaz Vaccaro

26 Comentarios

El Esperanza contra la pesca ilegal. El control de los Dispositivos Agregadores de Peces (DAP).

Como les prometí en un post anterior, hoy me dispongo a contarles qué son los dispositivos agregadores de peces (DAP). Creo que importante compartirlo con ustedes, porque uno de los objetivos de nuestra expedición es comprobar si se cumple con la prohibición de utilizar los DAP, vigente durante los meses de agosto y septiembre de este año en las áreas que patrullamos.

Entonces, ¿Qué es un DAP y por qué debemos detener su utilización? No se sabe muy bien el por qué pero los peces tienden a acumularse bajo cualquier objeto flotante en el mar, lo que puede ocurrir por una sensación de seguridad, por la que cualquier objeto –un tronco, un tanque, una balsa- crea debajo de sí un verdadero ecosistema marino en cualquier lugar del océano.

El tanque de metal y la balsa de bambú son son dos tipos de DAP que encontramos en el mar. Debajo de ellos se acumulan los peces y los pesqueros los cercan con sus redes

La industria pesquera sabe de esta reacción natural de los peces y utiliza DAP artificiales para atraer y acumular a miles de ellos y pescarlos fácilmente en áreas de mar abierto. El problema es que al utilizar estos dispositivos las redes atrapan todo, lo que quieren atrapar y muchas otras especies –tiburones, tortugas, delfines, etc.- que al no ser valiosas para la industria son simplemente tiradas al mar, generalmente ya sin vida.

Las redes de los pesqueros arrastran todo lo que encuentran a su paso

Algunos de estos DAP están anclados al fondo marino y otros están flotando libremente equipados con un transmisor de radio que envía señales de su localización al barco que lo colocó, de esta manera lo encuentran fácilmente y después de un tiempo de espera vienen, cercan todo con sus redes y se llevan hasta el último ser que vive allí.

El problema se incrementa ya que los barcos modernos tienen gigantescas redes que pueden acabar con toda una población de peces –grandes y pequeños, machos y hembras- en una sola operación. Actualmente existen barcos tan grandes que uno sólo de ellos puede almacenar en sus bodegas más peces que toda la pesca anual de los pescadores artesanales de uno de los países isleños del Pacífico Sur.

Poco a poco estos barcos extranjeros están acabando con la vida en este océano quitando una fuente vital de recursos para estos países isleños, y lo están haciendo de una manera completamente insostenible. Si seguimos así, se terminará el atún en el Pacífico.

¿Cuál es nuestra misión? Como ya nos habíamos imaginado, la prohibición de utilizar los DAP no se respeta y se han seguido utilizando, por lo que decidimos tomar acción.

Cuando encontramos un DAP lo primero que hacemos es bajar al agua nuestro bote de buceo y nos metemos al mar con las cámaras submarinas para documentar lo que hay.

No se puede describir con palabras lo maravilloso que es estar allí. En un lugar aparentemente vacío, alejado cientos de kilómetros de cualquier tierra firme y con el fondo a 4.500 metros de profundidad, te encuentras rodeado de miles y miles de peces que nadan en círculos a gran velocidad. Uno siente lo increíble que es la naturaleza al ver decenas de tiburones nadando tranquilamente mientras pequeños peces les limpian la piel de parásitos en una danza que ha sucedido por millones de años. Y duele mucho el pensar que toda esta vida, toda esta riqueza va a ser eliminada en menos de una hora cuando un pesquero llegue a rodear el DAP con su red.

Por eso, después de documentar la vida marina, procedemos a retirar estos DAP del agua utilizando las grúas del Esperanza. Estos momentos nos llenan de emoción pues sabemos que esos peces que acabamos de ver están a salvo al menos por esta ocasión y que el trabajo que hacemos desde las oficinas de Greenpeace –gracias al apoyo que ustedes nos dan- para que se prohíban estos dispositivos en el Pacífico posiblemente les dé una oportunidad de seguir nadando libremente como lo han hecho siempre, en su casa.

La grúa del Esperanza retira un DAP del océano.

El Esperanza y la balsa de bambú.

¿Qué podés hacer vos? Quiero terminar este post desde aguas lejanas, recordándoles que no hay que estar a bordo para poder hacer algo más para salvar nuestros océanos. Si no contaminamos, si no utilizamos plásticos innecesariamente, si consumimos alimentos marinos pescados de manera sustentable y exigimos a las empresas responsabilidad al producir y desechar sus productos, todos estaremos contribuyendo positivamente a la conservación de los mares. Adelante.

Publicado por Felipe Vallejo

6 Comentarios