| La realidad en nuestro país no dista demasiado en algunos aspectos de las condiciones que dieron lugar a la peor tragedia que recuerda la industria química mundial y que ocurrió en la India en 1984. Tragedia que, además, le sucedió nada menos que a una transnacional originaria del país más poderoso del planeta y cuyos estándares ambientales suelen ser empleados como ejemplo para los países en desarrollo.
La Argentina está plagada de sitios que acarrean décadas de contaminación, suelos y cavas que han sido receptoras de basura tóxica durante muchos años. Estos residuos han contaminado el agua subterránea en algunos lugares y comprometido la salud de las personas cerca y lejos de estas regiones. Además, las poblaciones cercanas a las industrias peligrosas conviven de manera crónica con emisiones a la atmósfera de sustancias tales como plomo, benceno, cloruro de vinilo, sulfuro de hidrógeno, dioxinas, hidrocarburos aromáticos policíclicos, solventes de variada toxicidad, partículas, sulfuro de hidrógeno, etc.. Esta exposición a niveles a veces bajos pero continuos puede afectar severamente la salud de la gente. Asimismo la manipulación de sustancias peligrosas provoca también el permanente riesgo de escape, filtración o derrame.
Dock Sud
En la zona de Dock Sud funcionan refinerías, plantas de recepción y almacenaje de petróleo y sus derivados, plantas de recepción y almacenaje de productos químicos, un incinerador de residuos peligrosos y una central termoeléctrica. Existen, además, industrias de procesos, empresas de transporte, amarres, areneras, estaciones de servicio y el relleno sanitario de Villa Domínico. El Polo Petroquímico convive asimismo con un puerto, donde se cargan y descargan materiales peligrosos. Es preocupante ver no sólo la concentración de industrias peligrosas sino la existencia de frecuentes incidentes con gases y olores que denotan el potencial de eventos fuera de control en la zona. Un accidente importante en una de las empresas de Dock Sud significaría una seria amenaza para la población de Avellaneda y Buenos Aires.
Ensenada - Berisso
La planta de la española Repsol YPF del Polo Petroquímico Ensenada-Berisso realiza descargas de efluentes a canales a cielo abierto que además de contaminar el Río de la Plata agravaron los casos de inundaciones de los barrios vecinos. También los gases emitidos por esta planta de manera rutinaria o por escapes accidentales forman parte de la vida diaria de la población de los alrededores de este Polo Petroquímico. No es éste el primer caso en el que la empresa Repsol YPF está relacionada con la contaminación. Como ejemplo, cabe recordar, que YPF fue una de las empresas que en 1997 protagonizó uno de los más importantes derrames de crudo en la zona de Rincón de los Sauces, en Neuquén. Frecuentes derrames de hidrocarburos fueron deteriorando la calidad del agua del Río Colorado, afectando el suministro de agua potable y las actividades agrícolas en La Pampa y Río Negro.
Luján
Una importante curtiembre de capitales italianos (Curtarsa S.A.) ha vertido por años sus efluentes contaminantes al Río Luján, genera molestias y problemas en la población por las emisiones al aire y ha arrojado sus residuos sólidos conteniendo sustancias tóxicas al suelo. Existen antecedentes de problemas relacionados con la falta de seguridad laboral en esta curtiembre. Desde hace varios años, organismos no gubernamentales de Jáuregui han realizado numerosas acciones y protestas por la contaminación con cromo y otros metales, de los pozos de los que toma el agua la población.
Bahía Blanca
En la ciudad de Bahía Blanca se encuentra un Polo Petroquímico donde se producen cloro, plásticos y soda cáustica. En el año 2000, las empresas Solvay Indupa (de capitales belgas) y Profértil (capitales canadienses y españoles) protagonizaron importantes escapes de cloro y amoníaco respectivamente. La gravedad de los hechos provocó una importante movilización de la comunidad que mantuvo cerradas las plantas por varias semanas. Sin embargo, estas empresas hoy continúan operando y teniendo en vilo a la población de Ingeniero White.
Ejemplo a seguir: la industria se hace cargo.
Luego de una larga campaña de Greenpeace y otras organizaciones sociales, la industria química tomó cartas en el asunto para solucionar la contaminación de la localidad santiagueña de Estación Argentina, afectada desde 1990 por un basurero tóxico dispuesto en forma ilegal. A través de un acuerdo entre la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y la Cámara de la Industria Química y Petroquímica se decidió en agosto de 2002 retirar los residuos tóxicos allí enterrados. Si bien pasaron más de 10 años desde que se produjo el enterramiento, este acuerdo sienta un importante precedente en el que el colectivo de industrias químicas se ocupa de resolver un problema provocado la disposición final de productos fabricados por empresas químicas en el pasado. Es claro que más allá de quiénes específicamente hayan sido responsables física o intelectualmente por el enterramiento, la industria química en su conjunto tomó el compromiso de colaborar con las medidas necesarias para evitar que estas sustancias sigan afectando el ambiente y la salud de la zona.
La contaminación afecta los alimentos que consumimos
Las sustancias vertidas al medio ambiente pueden exponernos directamente a ellas a través de la inhalación o el contacto dérmico, o pueden contaminar el agua que bebemos o los alimentos. Por ejemplo, según estudios de la Universidad de La Plata, las concentraciones de Bifenilos Policlorados (PCBs, empleados mayormente como refrigerantes en los grandes transformadores eléctricos) en los sedimentos del Río de la Plata, producto del vertido de estos tóxicos al ambiente, han provocado la contaminación de sábalos que se alimentan allí hasta niveles tales que su pesca ha sido prohibida por los riesgos para la salud que provocaría su consumo. Sin embargo, es posible advertir que ante la necesidad de alimento esa prohibición es de difícil cumplimiento práctico.
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